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Antonio José de Escalada

Antonio José de Escalada fue un patriota argentino que se desempeño como canciller de la Real Audiencia e intervino en la sesión del cabildo abierto de Buenos Aires, el 22 de mayo de 1810 y también fue el suegro de San Martín.
Antonio José Escalada
Antonio José de Escalada

Primeros años

Nació en Buenos Aires por 1752 y fue bautizado el 30 de septiembre de 1754 , sus padres fueron Manuel de Escalada Bustillo de Ceballos y María Luisa Sarria Lea. 

 A poco de morir su padre, el joven Antonio José contrajo enlace el 5 de junio de 1774 con Petrona de Salcedo y Silva, nacida el 28-junio de 1754, hija del altoperuano José de Salcedo y Vascas de Ochoguía  

Cuatro días después de su boda, el 2 de julio autorizada por el Escribano Eufrasio Joseph Boyso, dotó a su esposa con 12.000 pesos; y la pareja se fue a vivir en la casa y junto a la madre de la desposada. 

Así lo recordó don Antonio José en su testamento el 10 de octubre de 1821), con estas palabras alusivas a Petrona Salcedo su cónyuge de primeras nupcias; "refaccioné y aumenté la casa y quinta de su madre, doña Juana de Silva, que aún vivía, y yo también habitaba en comunidad; por lo que formé entonces mi resolución de que los gastos fueran comunes, y no llevé cuenta alguna de ellos, ni es mi voluntad que se intente hacerlo por mis sucesores, mayormente agregándose la poderosa razón de que muerta dicha mi suegra, doña Juana de Silva, no hice inventario de sus bienes, sino que los incorporé indistintamente a los míos".

Viaje a España

En los últimos meses de aquel año 74, interrumpió su luna de miel embarcándose para España, a fin de arreglar allá, en nombre propio y de su hermano Francisco, con el tío Fernando de Escalada, un tema de sucesión.

Tras de permanecer algo más de un año España , volvió en febrero de 1776, con su prima y novia de su hermano y otros familiares, como se relató en la biografía de Francisco Antonio. 


La vuelta a Buenos Aires

Al llegar a américa fue nombrado como Alférez, ascendido luego a Capitán, de las "Milicias disciplinadas vecinales"; y en 1777 elevó al Consejo de Indias una solicitud para que lo liberaran de todo cargo consejil por espacio de ocho años.

En 1780 - a los tres años de aquella petición - Escalada resultó elegido Regidor y Defensor de Pobres en el Cabildo bonaerense, y se recibió del empleo el 7 de enero, prestando el juramento acostumbrado ante el Regidor Decano Gregorio Ramos Mexía.

El 13 de junio de 1784, a los 30 años de edad, fallecía Petrona de Salcedo - previo testamento otorgado la víspera ante el Escribano Pedro Nuñez -, y sus restos recibieron sepultura en el templo de La Merced. Acerca de su muerte y de las leyendas absurdas tejidas en torno de sus últimos momentos, y de las melodramáticas actitudes posteriores del desconsolado marido, me ocupo en el capítulo concerniente a los Salcedo, poniendo las cosas en su lugar.

En 1788 don Antonio José resolvió pasar a segundas nupcias con Tomasa Francisca de la Quintana Aoiz, moza a punto de cumplir 20 años, hija del entonces Sargento Mayor de Dragones, José Ignacio de la Quintana y Riglos y de Petrona de Aoiz Larrazabal.

Acción durante 1810

Al ser convocadas para el 22 de mayo de 1810 las autoridades y un numeroso grupo de calificados vecinos porteños a Cabildo Abierto, el Canciller de la Audiencia Antonio José  Escalada, no faltó a la cita. 

El historiador Vicente Fidel López, basado en la tradición oral escuchada de su padre, asistente a la memorable asamblea, refiere que, antes de las votaciones, "el señor don Antonio José  Escalada, que era hombre influyentísimo por su posición social y por riqueza", después de analizar los discursos del Obispo Lué y de Castelli, terminó diciendo; 

"que todo lo que fuese poner en duda la necesidad de dar una nueva forma al Gobierno del Virreynato, le parecía ya fuera de lugar, no solo porque para eso se había convocado al vecindario, sino porque la capital, conmovida en masa, lo reclamaba como indispensable para su seguridad y para sus derechos. Había momentos, dijo, en que los pueblos no tenían confianza sino en si mismos; y justo o injusto, es siempre imprudente que se pretenda cerrarles las puertas que ellos quieren vigilar. Tenía la satisfacción de que el mismo Señor Virrey, inspirado siempre por un juicio elevado y por aquella discreción política que solo podían valorar los que le trataban, estaba de acuerdo en que se perfeccionase la forma gubernativa del Virreynato, desde que se le tuviesen las consideraciones que eran debidas a sus méritos y a sus cisrcunstancias. Por lo que había oído y conversado con la mayor parte de las personas influyentes que estaban reunidas, la proposición que contaba con el asentimiento de todos era la siguiente; "Si se ha de subrrogar otra autoridad a la superior que tiene el Exmo. Señor Virrey, dependiente de la Soberana (Regencia de Cádiz) que se ejerza legítimamente en nombre del Señor Don Fernando VII, y en quién.Sea por la respetabilidad del personaje que hacía esta proposición - sigue López - sea porque el tiempo avanzaba y comenzaban todos a enfadarse de tan largos preliminares, se oyeron numerosas y casi unánimes manifestaciones de adhesión a que la votación se hiciese sobre esa fórmula. Intervienen otros oradores, entre ellos el fiscal Villota y el doctor Paso, y se leyó de nuevo la proposición presentada por el señor Escalada, y como fuese aclamada, se puso a votación alcanzando inmensa mayoría".

Tal la versión de López. Empero, por sobre cualquier comentario retrospectivo, el acta capitular correspondiente registra que, cuando llegó el momento de votar, tras de haber emitido su opinión Miguel de Azcuénaga, por el Señor Don Antonio José de Escalada, se dijo;

 "Que es de dictamen que, para que en esta América del Sur no llegue a suceder lo que ha sucedido en España, por el abandono en que estaba quando se posesionaron de ella los Franceses, conbiene que, savido ya como savemos el agonizante estado de la Península, se provea al urgentísimo remedio de ponerse de acuerdo con esta Capital, las Provincias interiores (que tanto distan unas de otras) sobre el partido que deva tomarse para su defensa, a fin de conservar ilesa, a nuestro muy amado y Señor Rey Don Fernando Séptimo, esta parte de su Monarquía. Que a este objeto, tan interesante como sagrado, combiene que se subrrogue en el Exelentísimo Cavildo de esta Capital el govierno interinario, assí por el concepto en que esta el Pueblo de que la autoridad Suprema la tiene debuelta por falta de la legítima, como por la confianza que en él (en el Cabildo) tiene, y ser de presumir hagan lo mismo las demás Capitales de Provincias del Virreynato, por irrefragables pruevas que les tiene dadas de su fraternidad y uniforme modo de pensar sobre lo que mejor combiene. Que al Excelentísimo Cavildo le sea facultativo nombrar Presidente y más vocales, si lo tuviese por combeniente, teniendo la devida consideración al mérito y circunstancias del Exelentísimo Señor Virrey y magistrados subalternos y, sobre todo, a los que contemplen más capaces de desempeñar el cargo. Que tiene también por combeniente, y aún necesario, que el Señor Síndico Procurador actual de ciudad tenga voto activo en las deliberaciones del Exelentísimo Cavildo. Y finalmente, que siendo Suprema Ley la salud del Pueblo, presume, según el incremento de opinión que éste ha tomado y en el que se halla todo el Reino, que el medio que proponen es el más adeqüado a salvar la Patria, cuio interez deve prevalecer al particular, y a todo otro respecto".

Instalada tres días después la Junta Revolucionaria presidida por el Coronel de Patricios Cornelio de Saavedra, y fundada La Gazeta de Buenos Aires como órgano difusor de los actos del Gobierno e ideas del "nuevo sistema", en una lista que publicó ese periódico, el 26 de julio de aquel año 10, bajo el título; "Razón de las cantidades y especias que se han ofertado por donativo para la expedición de unión de las Provincias", se lee que, entre otros donantes; ".Antonio José de Escalada, Chanciller de esta Real Audiencia, ofreció antes su persona y ahora obla 200 pesos fuertes, y además se compromete a otros 200 en cada año, mientras pueda y la Junta lo tenga por necesario, para la uniformidad y defensa de esta América, en favor de ella y de su legítimo Rey Don Fernando VII (que Dios guarde)".

Es de advertir que el mes anterior (22 de junio) en el Alto Tribunal al que pertenecía, el Canciller Escalada resultó removido violenta y sorpresivamente por la revolución. Los Oidores Francisco Tomás Anzotegui, Manuel José de los Reyes, Manuel de Velasco y los Fiscales Manuel Genaro Villota y Antonio Caspe y Rodríguez, igual que el ex Virrey Cisneros, fueron citados al Fuerte, y, desde allí, de orden de la Junta que les comunicó Castelli, se los condujo al muelle con solo la ropa puesta, custodiados sus coches por más de 500 soldados. Allí en el puerto los embarcaron en la balandra corsaria inglesa "Dart" del Capitán Mark Bayfield, que levó anclas a la madrugada siguiente rumbo a las islas Canarias. 

Entre tanto, horas más tarde, en la Sala audiencial, juraban sus cargos los Oidores revolucionarios nombrados por la Junta; José Darregueira, Vicente Anastasio Echevarría y Pedro Medrano, y el Fiscal José Simón García de Cossio; "cuyos individuos - apuntó Juan Manuel Beruti en sus Memorias Curiosas - no gozan más sueldo que el de 2.500 pesos, no tendrán tratamiento, ni otro traje que el de abogados; pues no son más que unos conjueces, que en consorcio del señor Regente don Lucas Muñoz y Cubero, desempeña la administración de Justicia".

Cincuenta y ocho días después el 19 de agosto Antonio José  Escalada, fue arrestado a medianoche, junto con el primo hermano de su mujer, Miguel de Irigoyen de la Quintana, por orden del Presidente de la Junta Cornelio Saavedra, y a los dos se los trasladó confinados a Luján, debido a "sus ideas exaltadas"; consistentes - deducen los biógrafos de ambos desterrados - en "pretender la inmediata declaración de la Independencia" y ser "sospechados de conspiradores". Semejantes conclusiones resultan sencillamente absurdas.

Tres meses atrás, en el famoso Cabildo Abierto, Escalada había propuesto que se "sobrrogue en el Cavildo el govierno (del Virreynato) ... y que le sea facultativo nombrar Presidente y más vocales (de una Junta gubernativa) ... a fin de conservar ilesa a nuestro muy amado y Señor Rey Don Fernando Séptimo esta parte de su Monarquía"; o sea el asambleísta se pronunció por la autonomía, o si se quiere "inmediata independencia" de su patrio suelo respecto del Consejo de Regencia de Cádiz, aunque siempre a nombre del Rey cautivo de Napoleón. Por su parte Miguel de Irigoyen, en la misma oportunidad, adhirió al voto de Cornelio Saavedra. Así pues las opiniones, tanto de Escalada como de Irigoyen, se concretaron cabalmente tres días más tarde, el 25 de Mayo.

Entonces, que motivó, en el mes de agosto, aquellas súbitas "exaltaciones" de don Antonio José y de su compañero Irigoyen contra un gobierno que aconsejaron instaurar en mayo?. Esto: La imprevista medida tomada por la Junta desterrando a los Oidores, con los cuales el Canciller Escalada, en perfecta armonía, había trabajado durante años; y también "exaltóles" el extrañamiento vejatorio hecho a Cisneros - adviértase que mi antepasado, en la histórica cabildada referida, abogó por "la devida consideración al mérito y circunstancias del Exelentísimo Virrey y magistrados subalternos" tal el verdadero fundamento del exilio a Luján de Escalada e Irigoyen, y el porque de sus "ideas exaltadas" ante los drásticos procedimientos del Gobiernos contra sus amigos personales, el ex Virrey y los Ministros de la Audiencia.

Mas por fuerza de las cosas la revolución seguía su curso incontenible, y, el 16 de octubre la Junta impulsada por Moreno, sabedora de que el Ayuntamiento había reconocido en secreto al Consejo de Regencia gaditano, apresó sorpresivamente de noche, a los Alcaldes Juan José de Lezica y Martín Gregorio Yaniz, a los Regidores Manuel José de Ocampo, Tomás Manuel de Anchorena, Andrés Domínguez, Juan Manuel de Llano, Santiago Gutiérrez y Jaime Nadal y Guardia, y al Procurador Julián de Leyva; y, sin más ni más, "bajo una buena escolta de Húsares, fueron sacados en coches de esta ciudad y conducidos al interior del Reyno" - cual lo apuntó Beruti en sus Memorias Curiosas. Lezica, en pareja con Yaniz, quedó confinado en Luján; Anchorena, Llano y Ocampo, en la Guardia del Salto; Nadal y Domínguez en Ranchos; y Leyva y Gutiérrez en Córdoba.

El 17 de octubre, al pasar por Luján rumbo al Salto, Tomás Manuel de Anchorena le escribió a su hermano Juan José, ; "Don Antonio José  Escalada, nos ha obsequiado para comer y para lo que hemos necesitado de él". Y al día siguiente, desde la "Posta de las Chacras de Ayala", Tomás Manuel le ponía a su madre en otra carta; "Desde Luján escribí a Vmd. que veníamos sin novedad los compañeros y yo ... en Luján, con motivo de hallarse confinado allí don Antonio José de Escalada, y hospedado en casa de doña Mercedes Lamadrid y de don Gaspar Contreras, recibimos muy buen hospedaje y mucho obsequio, así que deberá Vmd. mandarle un recado a la mujer de Escalada ...". 

Rehabilitación de Escalada y su actividad pública posterior

Solo 31 días permaneció confinado en Luján don Antonio José: el 25 de septiembre la Junta dispuso su libertad. De allí en mas, la revolución fue devorando a sus criaturas: Mariano Moreno caía tras haber prevalecido 6 meses; la Primera Junta se transformó en Junta Grande; al Presidente Saavedra lo destituyen el 29 de agosto de 1811; y justo al mes de ello un Triunvirato se hace cargo del Poder Ejecutivo.

Ese primer Triunvirato, precisamente, encargó a Antonio José Escalada recaudar fondos para la compra de fusiles destinados a las tropas revolucionarias en campaña. El 21 de junio de 1812, La Gazeta de Buenos Ayres publicó una lista de ciudadanos, encabezada por Escalada, quien aportó a ese fin una onza de oro. Entre otras personas, en dicha lista figuran estos contribuyentes: José Agustín de Aguirre y Lajarrota, con una onza; Nicolás de Anchorena, con una onza; León Ortiz de Rosas, con seis onzas; Benito Lynch, con cuatro onzas; y José de María - mi antepasado y yerno de Escalada - con una onza. También La Gazeta publicó, el 30 de mayo siguiente, que varias señoras se suscribieron para el pago de fusiles, y que ellas "podrán decir en la exaltación de su entusiasmo;  Yo armé el brazo de ese valiente que aseguró su gloria y nuestra libertad"

Cada una de esas damas donaba un fusil y se llamaban; Tomasa de la Quintana (la mujer de Escalada), Remedios, Nieves, María de la Quintana, Ramona Ezquivel de Aldao, María Sánchez de Thompson, Rufina Orma, Isabel Calvimonte de Agrelo, María de la Encarnación de Andonaegui, Magdalena de Castro y Angela Castelli de Igarzabal; Petrona Cárdenas donaba 2 fusiles, y Carmen Quintanilla de Alvear 2 onzas de oro.

El 26 de junio La Gazeta informaba lo siguiente; "Desde las doce del día hasta las dos de la tarde, y desde el toque de oraciones hasta el de ánimas, estará en su casa D. Antonio José de Escalada, destinado por el superior gobierno a recibir los donativos hechos y por hacer, con el laudable objeto de coadyuvar a la patria, interesándose cada uno, con lo que pueda y quiera, en el costo de los fusiles venidos para su defensa; en inteligencia de que se guardará secreto a los que por razones privadas les importe que no se sepan sus nombres; quedando así removida la causa de que muchos no hayan, hasta ahora, concurrido al fin de la unidad, a pesar de lo que a todos respectivamente conviene, por diversas que sean sus opiniones".

Leemos asimismo en La Gazeta, que en agosto de aquel año 12, el gobierno decidió promover "un establecimiento literario en que se enseñe el derecho público, la economía política, la agricultura, las ciencias exactas, la geografía, la mineralogía, el dibuxo, lenguas, etc.". A ese objeto se determinó abrir una suscripción en todas las Provincias Unidas, "para cimentar el instituto sobre el pie más benéfico y estable, luego que lleguen los profesores de Europa que se han mandado venir con este intento ... En esta capital recibirá las suscripciones el patriota D. Antonio José de Escalada, y en los pueblos de las provincias las personas que nombrarán los respectivos Gobernadores ... ".

Por lo demás, La Gazeta del viernes 2 de octubre de 1812, "avisa a los patriotas que quieran contribuir para la compra de caballos del regimiento de granaderos a caballo, que su Coronel (José de San Martín) recibirá los donativos en la casa de D. José Antonio (sic) de Escalada". A fines de ese mismo año, después de haber incorporado a sus hijos Manuel y Mariano a los Granaderos a Caballo como oficiales, San Martín contrajo matrimonio con su hija Remedios.

En otro orden de cosas, diré que el Triunvirato había convocado a una Asamblea General que debía nombrar al reemplazante del triunviro Manuel de Sarratea, que terminaba su mandato el 23 de septiembre. 

Esa Asamblea estaba compuesta por el Ayuntamiento metropolitano; por los Diputados de los pueblos interiores, que elegían los respectivos Cabildos locales en unión de 12 patriotas provincianos residentes en la capital; y por 33 vecinos porteños, sorteados entre 100 candidatos elegidos por el vecindario capitalino. 

Como representante de Santiago del Estero en dicha Asamblea General, resultó nombrado Antonio José de Escalada, y el referido cuerpo político eligió, por unanimidad, a Pedro Medrano para reemplazar a Sarratea en el Triunvirato. Pero la revolución del 8 de octubre, preparada por la Logia Lautaro y la Sociedad Patriótica y ejecutada por San Martín y Alvear, dió por tierra con la Asamblea General y con ese primer terceto gubernativo.

Mas tarde, en 1815, durante el interinato directorial de Alvarez Thomas, don Antonio José se desempeña en una comisión encargada de administrar los hospitales de los frailes Bethlemitas, juntamente con Pedro Denis, Francisco Javier de Riglos, Miguel de Irigoyen, Agustín Wrigth y Joaquín Belgrano. También se lo designa a Escalada suplente de la Junta de Observación; pasando después a integrar este organismo - que presidía mi tatarabuelo Juan José de Anchorena, como vocal titular, junto con José Miguel Díaz Vélez, Pedro Fabián Pérez, Ramón Eduardo Anchoris y José Joaquín Ruiz. (Ver la biografía de mi antepasado Anchorena). Asimismo Escalada formó parte ese año, de la Junta Protectora de la Libertad de Imprenta con Diego Estanislao Zavaleta, Felipe Arana, Jaime Zudañez, Bartolomé Muñoz, Saturnino Segurola, José León Banegas, Bernardo Ocampo y Domingo Zapiola.

Ultimos años

A fines de 1815 fue presidente de la Junta de Observación, encargada de negociar con los federales de Santa Fe y Entre Ríos. Si bien no tuvo éxito en su cometido, era un cuerpo representativo de un grupo político poderoso, lo que le permitió ocupar interinamente el cargo de Director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata durante el período que medió entre la renuncia de Antonio González Balcarce y la llegada a Buenos Aires de Juan Martín de Pueyrredón.

En 1820 fue diputado de la Junta de Representantes de Buenos Aires y fue uno de los electores de Manuel de Sarratea para el cargo de Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Aprobó el Tratado del Pilar que había firmado Sarratea con los caudillos federales. Fue reelecto repetidamente para ese cargo, y fue uno de los promotores de la candidatura del general Martín Rodríguez al cargo de gobernador.​

Era presidente de la Junta de Representantes cuando murió de cáncer, en noviembre de 1821.​ Fue sepultado en el curato de la Catedral de Buenos Aires.