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Tita Merello

Laura Ana Merello, más conocida como Tita Merello (Buenos Aires, 11 de octubre de 19042​ – Ib., 24 de diciembre de 2002), fue una actriz y cantante argentina de tango y milonga.
Tita Merello
Tita Merello

Primeros años (1904-1917

Laura Ana Merello —conocida posteriormente como Tita Merello— nació como la hija de Santiago Merello —chofer— y la uruguaya Ana Gianelli —planchadora— el 11 de octubre de 1904 en un conventillo del barrio porteño de San Telmo ubicado en la calle Defensa 715 (actualmente sede de una asociación civil dedicada al patrimonio).

Su padre murió a causa de tuberculosis cuando Laura Ana contaba con apenas cuatro meses de edad. Más tarde, Merello emplearía la frase «el dolor nació conmigo» para referirse a ese episodio.  Tuvo una infancia marcada por la pobreza y la falta de cariño; a los cuatro años, fue reconocida por su madre en la partida de nacimiento y a los cinco fue trasladada a un asilo de Villa Devoto debido a que su madre debía trabajar y no podía hacerse cargo de ella.

Luego de su estadía en el asilo, vivió esporádicamente en Montevideo, Uruguay, donde se desempeñó como sirvienta sin paga. Poco antes de cumplir 10 años, aconsejada por un médico que le diagnosticó erróneamente tuberculosis, fue trasladada con un tío a un campo ubicado en Bartolomé Bavio, cercano al partido de Magdalena, donde ejerció distintos oficios con el fin de ayudar a su familia como ordeñar vacas, preparar asados y limpiar chiqueros, tareas de las cuales señaló: «Trabajaba como un hombrecito, entre los hombres. Pasaban los días, las noches. Nunca un gesto de ternura»

La soledad, la pobreza y el abandono emocional marcaron la personalidad de Merello, que en su adultez se definió de niña como una «chica triste, pobre y, además, fea. Presentía que iba a seguir siéndolo siempre. Después descubrí que no hace falta ser bonita. Basta con parecerlo. Soy insolente de nacimiento y temperamento. Y con capacidad para sostener una insolencia... No recuerdo si tuve una infancia precoz. Lo que sé es que fue muy breve. La infancia del pobre siempre es más corta que la del rico».

En 1916, se trasladó con su madre —casada en segundas nupcias y con un pequeño hijo llamado Pascual Anselmi (1910-2002)—  a una vivienda precaria ubicada en la calle Corrientes 1318. Merello fue analfabeta hasta la década de 1920 debido a que jamás pudo concurrir a la escuela. De acuerdo a su testimonio, sólo era capaz de diferenciar la «a» de la «o».

Simón Irigoyen Iriondo, bajo la guía de Eduardo Borrás, fue quien le ofreció una educación elemental.

Poco antes de su muerte, Irigoyen Iriondo comentó que Merello «es terca, muy terca, a veces ella parecía la maestra y yo el alumno. Y no se podía rendir ante la evidencia de que era yo quien enseñaba, es que siempre quería saberlo todo».

Uno de los principales biógrafos de la actriz, Néstor Romano, escribió: «Jamás pasó por un conservatorio de arte escénico ni educó su voz en escuelas de canto. Simplemente se hizo en la calle. Sin ayuda de nadie, a fuerza de talento y voluntad, construyó una carrera que la llevó desde los bares del bajo porteño y una cuarta fila de coristas a los primeros planos del tango y el cine nacional».

Carrera

Merello comenzó trabajando como corista en la compañía de Rosita Rodríguez en el Teatro Avenida hacia 1917 con el fin de poder solventarse económicamente.

Su debut fue en la obra Las vírgenes de Teres en 1920, que no significó una buena experiencia ya que el público la desaprobó con silbidos y abucheos.

A pesar de que decidió no volver a cantar tras la traumática experiencia, a los pocos meses ejerció presentaciones similares en el Teatro Porteño y en las cafeterías de la Avenida de Mayo, donde adquirió popularidad por su interpretación del tango «Titina».

«No empecé por vocación, sino por hambre... Me costó trabajo aprender a vivir, pero aprendí a vivir, a leer, a pensar por mi cuenta. Si fuera verdad que la inteligencia se desarrolla mejor cuando encuentra resistencia, yo tendría que ser la mujer más inteligente del mundo. Fui resistida y resistente».

Tita Merello.

En 1922, prosiguió su carrera en el Teatro Bataclán, ubicado en la zona de locales de escasa categoría del Bajo Flores y considerado de muy bajo nivel y casi pornográfico, donde se presentó con algunas actuaciones eróticas.

Sin embargo, su carrera comenzó a ascender y fue así como en 1923, luego de aprender a leer, se integró como vedette del espectáculo de revista al Teatro Maipo en el espectáculo Las modernas Scherezadas, donde cantó su primer tango, «Trago amargo», de Rafael Iriarte, con letra de Julio Navarrine y la dirección de Roberto Lino Cayol, quien la definió con el apelativo de «la vedette rea».4 Durante su permanencia en ese teatro, acompañó en sus actuaciones a los cómicos Pepe Arias, Marcos Caplán y Luis Arata.16 El periodista Jorge Göttling, en referencia a sus actuaciones en el Maipo, expresó: «Ella contaba que allí, con ese lúgubre decorado, cantó en público el primer tango, con su voz feroz y desafinada. Alguien intuye el nacimiento de una artista popular: el empresario Roberto Cayol».

En 1925, estrenó el tango «Leguisamo solo» de Modesto Papavero —creado en homenaje al yóquey uruguayo Irineo Leguisamo— en la obra «En la raya lo esperamos» de Luis Bayón Herrera en el Teatro Bataclán. Tras varias actuaciones sin trascendencia, su primer aproximamiento con el denominado «teatro dramático» lo obtuvo en la obra El lazo, escrita por Claudio Martínez Paiva en los años de 1920, donde conoció al empresario propietario del Teatro El Nacional, Pascual Carcavallo, que presentaba algunos de los espectáculos porteños más populares en ese entonces.

En 1927, volvió a actuar en el Teatro Maipo junto a Elías Alippi y Sofía Bozán interpretando el tango «Un tropezón» y en una oportunidad, fue escuchada por Carlos Gardel —considerado el mayor exponente del tango— que comentó que no le agradaba su forma de cantar.

En la última entrevista que ofreció Merello en 1994, admitió que Gardel no adquirió reconocimiento por sus condiciones vocales sino por sus novedosas películas sonoras filmadas en el exterior. Confesó que además su popularidad se acrecentó luego de su trágica muerte en 1935.

Merello alternó la actuación con contadas incursiones dentro del ámbito discográfico. En 1927, grabó dos temas para el sello Disco Nacional-Odeón, los tangos «Te acordás reo» de Emilio Fresedo y «Volvé mi negra» de José María Rizzuti con letra de José Antonio Díaz Gómez —finalmente inéditos—. En 1929, grabó otros veinte temas para el sello RCA Victor, entre ellos «Tata... Llevame pal centro», «Che... Pepinito» y «Te has comprado un automóvil».

A lo largo de su carrera, Merello también fue la compositora de los tangos «Llamarada pasional», dedicada a Luis Sandrini, «Decime Dios dónde estás» y «Muchacho rana».6 El historiador de tango Oscar del Priore señaló que «Tita y Sofía Bozán serán las grandes creadoras de ese tango humorístico y transgresor. En su caso estaban de más los alardes y los despliegues de técnica vocal. Lo necesario era lo profundo y gracioso de las letras, el apóstrofe crítico o la semblanza personal».

En 1930, Merello recibió el pedido de Libertad Lamarque de reemplazarla en El conventillo de la Paloma,2832 uno de los sainetes más populares de Argentina. Ahí, compuso el personaje denominado «Doce pesos», que Lamarque había estrenado inicialmente en 1929.33 En 1931, la actriz se inició en el periodismo mediante la revista Voces, en la que redactaba crónicas y poemas por los cuales percibía 200 pesos.

Debut en cine y revelación como actriz (1933-1946)

Su primera actuación en cine quedó registrada en ¡Tango! (1933), la primera película sonora argentina, por la cual recibió 200 pesos por cinco días de filmación en donde, por contrato, ella y los demás actores del elenco —Alicia Vignoli, Alberto Gómez, Carmencita Calderón y Luis Sandrini— debían aparecer en los créditos debajo de Libertad Lamarque, la protagonista principal.

Merello había firmado el contrato con Argentina Sono Film el 21 de octubre de 1932 y las tareas de rodaje implicaban la presencia de los actores durante seis horas en el estudio. El filme se iniciaba con la presentación de la cantante Azucena Maizani —a pesar de que no volvió a aparecer en el resto de la película— para luego dar lugar a las orquestas de Osvaldo Fresedo, Edgardo Donato, Pedro Maffia, Juan de Dios Filiberto y el dúo Ponzio-Bazán. También significó el debut cinematográfico de Luis Sandrini, posteriormente pareja de Merello, que tampoco tuvo un lugar destacado dentro del reparto.

Paralelamente, Merello actuó con la compañía de Francisco Canaro en la obra La muchachada del centro (1932), que se mantuvo durante 900 escenificaciones e incluso fue representada en Uruguay, momento para el cual fue reemplazada por Elsa O'Connor a causa de una dolencia.

En la obra, interpretó los tangos «La muchachada del centro», que da origen al título de la pieza, y «Me enamoré una vez», una milonga de Canaro con letra de Ivo Pelay.

La actriz volvió a trabajar con Canaro cuando este inauguró su productora cinematográfica Río de la Plata en 1934 y estrenó Ídolos de la radio. Luego de filmar Noches de Buenos Aires(1935), Merello no recibió propuestas de trabajo en cine por dos años y continuó actuando en el Teatro Porteño, donde curiosamente fue multada con 20 pesos por aparecer en público sin medias de nailon, lo que era considerado un acto de inmoralidad. Ya anciana, señaló con humor el episodio: «Pensar que ahora las mujeres salen totalmente desnudas en un escenario o en las playas. Los tiempos han cambiado. ¡Y cómo! He podido vivir para ver esas transformaciones, esos cambios».

En Así es el tango en 1937 , Merello recibió un papel cómico junto a Luisa Vehil. El director del filme, Eduardo Morera, comentó después: «...habían compuesto un tango —titulado «Nostalgias»— para que Tita lo estrenara... Ella lo ensayó, pero cuando iba a interpretarlo me di cuenta de que su personaje no tenía nada que ver con el romanticismo de esa canción. Si Tita la hubiera interpretado, habríamos quebrado el clima que requería la historia». Finalmente, Vehil interpretó el tango y Merello se ofendió tanto que jamás volvió a cantar el tango «Nostalgias».

Recibió varios papeles de «segunda dama joven» opuesta a la primera actriz hasta que obtuvo un rol protagónico en La fuga (1937), donde sucedió su revelación como actriz dramática y cantó «Nieblas del Riachuelo», editado rápidamente por Enrique Cadícamo a pedido del director. El papel de Merello, muy elogiado por los críticos cinematográficos, era el de una cantante de cabaret que se relacionaba sentimentalmente con el personaje de Francisco Petrone.

Las copias de La fuga fueron perdidas tiempo después a causa de un incendio en los laboratorios Alex hasta que el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken recuperó una aparecida insólitamente en Uruguay.

En 1942, durante el estreno de Buenos Aires de ayer y de hoy, Merello generó sorpresa en el público y la prensa por su actuación sumamente histriónica. Canaro, uno de los directores, dijo que «mostró dos facetas distintas en ambas épocas de la historia».

La obra fue representada no sólo en el Teatro Presidente Alvear sino también en el Teatro Solís de Montevideo y durante esa temporada teatral, interpretó también «Tranquilo, viejo Venancio» y «Se dice de mí», una milonga con letra de Ivo Pelay y música de Francisco Canaro que hacía referencia a la fuerte personalidad de la actriz.

Para 1943, el tema era sumamente popular en Argentina pero fue vinculado a Merello con mayor intensidad a partir de sus apariciones televisivas en la década de 1970 y su actuación en Mercado de Abasto (1955), con dirección de Lucas Demare, donde interpretó «Se dice de mí» en una de las escenas.

Más recientemente, la cantante Yolanda Rayo la utilizó como cortina musical de la telenovela colombiana Yo soy Betty, la fea. En 1944, se desvinculó laboralmente de Francisco Canaro luego de finalizar su contrato para proseguir con Dos corazones, también presentada en el Alvear, donde cantó «Todo es mentira» y «¿Qué tal?». Al igual que Buenos Aires de ayer y de hoy, la nueva obra fue reestrenada en Uruguay, más específicamente al Teatro Artigas de Montevideo.

Filmación en México (1946-1947)

En 1946, su entonces pareja Luis Sandrini fue convocado para trabajar en tres producciones cinematográficas mexicanas.Merello lo acompañó y, durante su estadía, fue contratada para participar en Cinco rostros de mujer, producida por la empresa Clasa Films Mundiales, donde uno de sus ejecutivos analizó su actuación en La fuga y consideró que era una «actriz cabal».

El filme contaba con la participación de Arturo de Córdova, Carolina Barret, Ana María Campoy y Pepita Serrador. El director era Gilberto Martínez Solares y los guiones estaban a cargo de Carlos A. Olivari y Sixto Pondal Ríos, quienes también se encargaron de realizar la adaptación del libreto.

Merello llevó a cabo el papel de una mujer de cabaret que seducía al personaje interpretado por Arturo de Córdova, a la vez que entonaba los versos de «Copa de ajenjo».

La película se estrenó el 26 de febrero de 1947 en México y recibió un importante apoyo de la crítica. Su labor fue galardonada con el premio Ariel a la Mejor Actriz de Reparto por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas. A pesar del éxito inesperado, Merello no volvió a ser contratada en México.46 Hasta ese momento sólo había filmado en el extranjero 27 millones —1942, Chile— con Alberto Closas, cuyo estreno en Argentina fue demorado hasta 1947 cuando fue presentada sin éxito en una sala de segunda categoría.

Luego de que Sandrini concluyera los tres rodajes, la pareja retornó a Buenos Aires por un pedido del productor Atilio Mentasti para filmar Dios se lo pague, Historia de una mala mujer y Don Juan Tenorio —una de sus películas más recordadas

Consagración (1947-1955)

En Don Juan Tenorio, Merello encaró el papel del ama mientras que el rol protagónico fue destinado a la joven cantante Virginia Luque.

La película finalmente fue presentada en 1949 como una comedia con libretos de Pascual Guillén y José Zorrilla. La trama indica que el sobrino de un actor retirado de escasos recursos desea casarse con su novia pero el padre de la joven se opone ya que no es poseedor de grandes riquezas. El elenco fue completado por Jorge Salcedo, Berta Ortegosa, Alberto de Mendoza y Manuel Alcón.

Al momento de finalizar el rodaje de Don Juan Tenorio, la relación entre Sandrini y Merello se había deteriorado demasiado. Sandrini recibió una propuesta del director Benito Perojo en España para filmar ¡Ole, Torero! en 1948, lo cual significaría su primer trabajo en Europa, y Merello, por su parte, recibió la oferta de un papel protagónico para Filomena Marturano de Eduardo De Filippo. Sandrini se enfadó cuando la actriz decidió permanecer en Buenos Aires y no acompañarlo para filmar la película, hecho que acabó con la relación sentimental entre ambos.

Sin embargo, Filomena Marturano significó la consolidación de Merello en el mundo del cine y permaneció trece meses en cartelera, mientras que para 1950 se llevó a cabo su versión teatral que contaba con variedad de cuadros musicales. El director De Filippo señaló que «nadie la interpretó mejor que la señora Merello». A raíz de esa actuación, comenzó a ser comparada con las actrices extranjeras Anna Magnani y Bette Davis.

Al momento de interpretar a Laura Moreno en el thriller policial Morir en su ley, dirigida por Manuel Romero, fue acompañada por su galán del filme, Roberto Escalada, que representó el personaje de Pedro Amalfi.

La película, que contaba con una interpretación de Merello del tango «No aflojés», fue calificada como «no apta para menores de catorce años» y se estrenó en los cines Premier e Ideal.56 Para comienzos de 1950, Merello era solicitada frecuentemente para ejercer importantes roles en películas. Arrabalera, por la cual recibió junto a Santiago Gómez Cou el premio a los mejores actores de 1950 de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina, estuvo a cargo de Tulio Demicheli y ahí Merello cantó el tango «Tarjeta postal» y «Arrabalera», que dio nombre al filme. Paralelamente a su labor cinematográfica, encabezaba por radio Ahora habla una mujer, un ciclo micro radial transmitido por la Red Privada de Emisoras.

En 1950, recibió un libro cinematográfico de Ernesto L. Castro para la filmación de Los isleros con dirección de Lucas Demare, que había obtenido repercusión con Pampa bárbara, Su mejor alumno y La guerra gaucha a lo largo de los años 1940. Ahí, Merello interpretó el personaje de La Carancha en escenarios naturales del Paraná junto a Arturo García Buhr.Su papel correspondía a una mujer que vivía en un ambiente hostil y, en medio de la falta de recursos y las inclemencias del clima propio de la zona, tiene varios hijos que crecen rápidamente —eran interpretados por Martha Torres, Alberto de Mendoza, Daniel Tedeschi y Sergio Renán—.

La Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina la condecoró con el premio a la Mejor Actriz a la vez que el director, demás actores y otros integrantes de la producción fueron galardonados en diversos rubros.

Su actuación en el filme, también conocido como Pasión maldita, fue considerada por los críticos como la mejor de toda su carrera artística, a pesar de que Merello consideraba como sus películas preferidas a Guacho y Amorina.

Tras una destacada actuación en Pasó en mi barrio (1952),60 Daniel Tinayre la convocó para filmar Deshonra, un melodrama policial que transcurre en una cárcel de mujeres y que tuvo en su elenco a figuras como Mecha Ortiz, Jorge Rigaud, Guillermo Battaglia y Aída Luz

Se estrenó el 3 de junio de 1952 en las salas comerciales de Argentina, poco antes del deceso de la primera dama Eva Perón. El papel principal había sido pensado por el director para Amelia Bence pero finalmente fue otorgado a Fanny Navarro, que encabezó la película junto a Merello.4 Luego del estreno, representó en teatro Hombres en mi vida, de Eduardo Pappo, cuya temporada de 1952 fue breve debido a que la actriz había sido contratada para protagonizar Guacho (1954), Para vestir santos y El amor nunca muere (ambas de 1955).

El periodista Pedro Ochoa concluyó que Merello «en ocasiones debió defender a sus hijos de sus propios padres. Así sucedió en Pasó en mi barrio, Guacho, Filomena Marturano y Mercado de abasto. Por momentos es una madre posesiva y que llega a la injusticia para sobreproteger a sus hijos. Sugestivamente uno de sus últimos papeles fue el de la Madre María. Tita es una actriz versátil que asumió los papeles más disímiles, pero del conjunto de sus películas se destaca un solo personaje».

Problemas políticos y exilio (1955-1958)

Merello le solicitó expresamente a Demare que Pepe Arias fuera el coprotagonista de su próxima película, Mercado de abasto (1955), a pesar de la prohibición de actuar que el actor había recibido por parte del gobierno peronista.

Durante el gobierno de Juan Domingo Perón, la actividad cinematográfica había sido intensa pero la suma de favoritismo y censura para lo que escapara de la visión oficialista había afectado la calidad de las producciones.​ Los problemas políticos con actores y la falta de celuloide habían comenzado durante su mandato y se acentuaron luego de su derrocamiento en 1955 cuando asumió el militar Pedro Eugenio Aramburu. Los artistas vinculados con el peronismo fueron incluidos en listas negras mientras que antiguos proscritos del peronismo, como Niní Marshall o Arturo García Buhr, regresaban al país.

Se generó una grave crisis en el ambiente del cine y las comisiones investigadoras se dedicaron a detectar abusos en la concesión de créditos. Como las producciones resultaban demasiado costosas para desarrollarse sin algún tipo de ayuda estatal, muchos estudios de cine cerraron y una gran cantidad de actores quedaron sin empleo y debieron exiliarse. Si bien Merello nunca se declaró abiertamente peronista, tras la muerte del presidente en 1974 expresó públicamente: «Ha muerto una gran esperanza, especialmente de los trabajadores, pero también del país entero. La muerte de una esperanza es un gran dolor. Es cuanto puedo decir por ahora».

Al informarse por parte de la productora Artistas Argentinos Asociados que la película La morocha, filmada en 1955, demoraba en estrenarse —se presentó recién en 1958—, Merello pensó que su carrera podría terminar.

Tras el derrocamiento a Perón, comenzó a recibir presiones políticas, restricciones laborales y fue acusada de traficar té desde Sri Lanka por una comisión investigadora,​ motivo por el cual decidió exiliarse en México, país en el que se hallaban figuras argentinas como Libertad Lamarque o Amanda Ledesma.

Sin embargo, había fallecido su amigo Jorge Negrete y la productora Clasa Films con la que había trabajado anteriormente había ingresado en bancarrota.

Ante la falta de trabajo, hizo todo lo posible por regresar a Argentina pero aún existían restricciones para aquellos que estaban vinculados al movimiento peronista —Merello había sido fotografiada saludando al presidente Perón en 1954 durante el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata—.​ Regresó únicamente a Argentina para firmar el contrato que le ofreció Hugo del Carril, otro actor proscripto, para actuar en un parque de diversiones de la localidad de Morón.En 1957, para la televisión mexicana, interpretó el papel principal de Antes del desayuno, con autoría del dramaturgo Eugene O'Neill.​

«Siempre se me ha criticado que me quejo por la falta de dinero, pero es verdad. Yo he trabajado esporádicamente, en épocas en las que no se pagaba tanto como ahora. Además, siempre he ayudado a quien me lo pidió, eso lo pueden confirmar todos los que han necesitado de mí. Yo he dado mucho, nunca tuve intenciones de ser la más rica del cementerio».

Tita Merello.

En 1958, tras las elecciones presidenciales, Arturo Frondizi asumió el cargo de presidente de la Argentina, lo que permitió el retorno definitivo de Merello a Buenos Aires​ donde, a su llegada, se presentó en diversos locales y protagonizó la obra teatral Amorina bajo la dirección de Hugo del Carril, quien la dirigió en varias ocasiones y con quien entabló una sólida amistad.

Reveses profesionales (1958-1967)

Sus apariciones en televisión se acrecentaron considerablemente y llegó a ser la protagonista en 1964 de Acacia Moreno, un teleteatro escrito por el guionista Alberto Migré con la participación especial de Oscar Ferrigno. En televisión, había debutado recién en 1962 con Tangos en mi recuerdo y posteriormente había realizado Vivimos así, programa que debió abandonar por problemas de salud.

En 1961, después de varios años sin aparecer públicamente, se sometió a una pequeña cirugía estética en su nariz para iniciar el rodaje de su próxima película, Amorina, labor por la cual obtuvo el premio en dinero que otorgaba el Instituto Nacional de Cinematografía. Del Carril la contrató al mismo tiempo para dos espectáculos en el Teatro Alvear, Estrellas en el Avenida y La Moreira; ambos entablaron una sólida amistad hasta la muerte de él en 1989 y Merello recordó «cómo me cuidaba en cada uno de los planos... logró sacar de mi interior esa verdad que las actrices necesitamos exteriorizar».

A comienzos de los años de 1960, rechazó varias propuestas cinematográficas y se dedicó particularmente al teatro y al canto; de hecho, llegó a grabar cuarenta temas en disco con las orquestas de Carlos Figari y Héctor Varela.

Horacio Salas, en su libro El Tango, comentó:

«Tita Merello asumió desde el humor la representación de los sectores marginales, que nacidos en la más extrema pobreza arribaron al centro con el objeto de sobrevivir en el mundo del tango. Algunas de las letras de su repertorio son recuerdos de la picaresca de los primeros años y representan, en la misma asunción de su origen, una burla a la tilinguería del medio pelo porteño abocado a ocultar el ámbito en que transcurren los años de la infancia y las dificultades económicas sufridas hasta que llega el momento del éxito».

A lo largo de la década de 1960, Merello protagonizó una serie de películas de poco éxito dirigidas por su amigo Enrique Carreras que, en varias oportunidades, sólo alcanzaban una repercusión mínima por su sola presencia en el filme. Fue así como integró el elenco de Los evadidos (1964), La industria del matrimonio (1964), Los hipócritas (1965) —basada en el caso policial de la joven Norma Penjerek—, Ritmo nuevo, vieja ola(1965) y El andador (1967) —que sí tuvo éxito cuando fue representada en la temporada teatral de 1966—.

En esta última, por ejemplo, el maquillador Vicente Notari debía trabajar sobre el rostro de Merello de modo que pareciera una mujer en edad fértil debido a que en una de las escenas aparentaba un embarazo.

Popularidad renovada (1967-1985)

Sus participaciones como comentarista en Sábados circulares de Nicolás Mancera alrededor de 1968 acrecentaron notablemente su popularidad. Además de cantar y relatar anécdotas, impuso la costumbre de aconsejar a las mujeres a realizarse exámenes ginecológicos para prevenir enfermedades. Poco después, intervino en la película Ídolos de entrecasa, donde Merello tenía a su cargo un cuadro musical donde presentó «La milonga y yo», de Tito Rivero, una de sus canciones más conocidas.

En 1972, publicó un libro semiautobiográfico denominado La calle y yo, donde redactaba recuerdos, consejos, reflexiones, algunos versos y poemas de su autoría.30 Para la inauguración del Teatro Astros en 1973, los hermanos Hugo y Gerardo Sofovich decidieron estrenar En vivo y al desnudo. Libertad Leblanc, la protagonista, exigió como condiciones que su nombre debía encabezar por encima del título de la obra, que no podría haber otra actriz de cabello rubio y que ella sería la encargada de elegir el reparto y su dirección. Sin embargo, cuando los empresarios optaron por llamar a Merello, todas las condiciones impuestas fueron subestimadas, motivo por el cual Leblanc se resistió a ensayar e inició un pleito legal que finalmente ganó. A pesar de eso, Merello logró ocupar el plano central de la obra en la que también intervenían Olinda Bozán, Susana Brunetti y Beatriz Taibo. En vivo y al desnudo no tuvo éxito económico y finalizó su temporada un año después, en 1974.

A los 70 años, recibió un papel protagónico para encabezar La Madre María (1974), basada en la historia de vida de la curandera María Salomé Loredo. Su personaje, el de una anciana que transmitía alivio, paz y sanación, fue uno de los más queridos y aceptados por el público. El rodaje se efectuó en el verano de 1974 bajo altas temperaturas, lo que incomodaba demasiado a Merello ya que debía usar vestuarios muy calurosos acordes al contexto de la época. A diferencia de otras películas, la actriz se sometió fácilmente a las exigencias del director Demare. La Madre María se estrenó tres días después del fallecimiento de Juan Domingo Perón, motivo por el cual Demare pensó inicialmente que bajarían las recaudaciones pero no fue así y la película fue un éxito.

Hacia esas épocas, Merello condujo dos ciclos televisivos, Conversando de todo con Tita y Todo Tita, en los cuales brindaba enseñanzas y hablaba sobre hechos de actualidad.80 Además, comenzó a recibir una serie de reconocimientos por su trayectoria. En 1980, el Museo del Cine le entregó la Cámara Pathé simultáneamente con Niní Marshall, Delia Garcés, Libertad Lamarque y Mecha Ortiz «en reconocimiento a las primeras figuras del cine nacional». También fue designada Vecina Honorable de Villa Gesell en 1987.

En 1980, el director Alejandro Doria la convocó para un papel importante en Los miedos que, debido al impacto que generaban en ese momento las producciones cómicas de Alberto Olmedo y Jorge Porcel, no tuvo el éxito esperado. Tras un parcial retiro, Enrique Carreras logró convencerla en 1985 para regresar al cine con Las barras bravas, su última película, y le permitió modificar los guiones de acuerdo a sus pretensiones. Casualmente en una de las escenas se realiza un plano del mausoleo erigido en honor a Luis Sandrini en el cementerio de la Chacarita, lo que adquiere un doble significado. Un año antes, Merello también había realizado bajo la dirección de Carreras su última obra teatral, Para alquilar balcones.

Reclusión y soledad (1985-2001)

Desde la década de 1980, molesta por el asedio de los medios periodísticos, Merello redujo sus apariciones públicas y se recluyó en su vivienda de Recoleta,​ donde cultivó una faceta religiosa y comenzó a resignarse a la prensa.

Sus cuadros depresivos se intensificaron y en algunas ocasiones, confesó un intento de acabar con su vida: «Una vez casi me suicido. Estuve tres veces a punto de morir. Y en todas volví a nacer. Dios me salvó».

Su vida diaria se repartía entre paseos alrededor de su vivienda junto a su perro «Corbata», escasas reuniones sociales y asistencias a misa en la iglesia de la Merced. Ocasionalmente, realizaba llamados telefónicos a programas radiales y televisivos en vivo.

«Hace 49 años me senté por primera vez en un banco situado en la iglesia de la Merced, en la calle Reconquista, y sigo yendo al mismo banco. Pero los pedidos son distintos... Hace 49 años no fui a pedir. Lo que sí me acuerdo es que no recé. Estuve un mes en cama y me iban a operar. Esto lo digo para que la gente nunca pierda la fe, aún en los peores momentos. Me iban a sacar un riñón. Ya tenía la habitación pedida. Me levanté con el permiso del médico para ir a la iglesia. Y fui a la Merced. Me senté mucho tiempo en ese banco pidiendo claridad en mi determinación. Cuando regresé a mi casa, en la calle Agüero, frente al Mercado de Abasto, le dije a mi mamá que no me iba a operar. Todavía tengo el riñón. ¿Vale la pena que siga yendo cuarenta y nueve años después? En ese banco rezo por mis compañeros que no tienen trabajo. Y también he pedido por el amor. ¿Por qué no? Por que el amor también quise vivirlo. Y lo viví. Pero ahora pido más para los demás... »

Tita Merello.

Últimos años

Durante sus últimos años, Merello adquirió popularidad por su experiencia y manera de hablar verborrágica, que se hacían evidentes durante sus conversaciones televisivas. En 1990, el Consejo Deliberante la declaró Ciudadana ilustre de la Ciudad de Buenos Aires por considerarla un «mito viviente de la iconografía porteña».

Un año después, la Asociación Argentina de Actores le entregó el premio Podestá a la Trayectoria en distinción a las más importantes figuras de la escena nacional.

En 1992, luego de realizar su último CD de tango en compañía de Nacha Guevara, fue convocada en el programa de Susana Giménez, ¡Hola Susana!, te estamos llamando, donde la conductora la reconcilió en el Día del Amigo con Malvina Pastorino, la viuda de Sandrini.

En 1994, al cumplir noventa años, decidió ofrecer su última entrevista televisiva con Julio Mahárbiz en su domicilio. Ahí, confesó que Enrique Carreras utilizaría algunos de sus textos para organizar un espectáculo titulado Ídolos de entrecasa; sin embargo, el director murió al año siguiente víctima de un cáncer.

«A todos los argentinos les pido que no se olviden de mí. Gracias por creer que fui algo más de lo que soy».

—Tita Merello, 1999.

En 1996, Amalia Lacroze de Fortabat le otorgó el premio Fondo Nacional de las Bellas Artes vía telefónica. El honor consistía en una estatuilla y 20000 pesos que Merello decidió donar al Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y a la Casa Cuna. Merello efectuó un gesto similar en 1999 cuando vendió su departamento de Barrio Norte y donó la recaudación al Hospital de Niños.

A pesar de haber perdido la visión en uno de sus ojos y padecer problemas auditivos, Merello siempre mantuvo una buena salud. Sin embargo, el 24 de mayo de 1996 debió ser internada en el Hospital de Clínicas durante tres días a causa de una fuerte hemorragia nasal derivada de un pico de presión.

El 11 de enero de 1998, debió someterse a un chequeo cardiovascular y análisis permanentes debido a una serie de mareos que padeció en su domicilio.

El parte médico emitido desde la entidad comunicaba que su estado de salud era «satisfactorio y con parámetros normales». Luego de la internación, tomó la decisión de trasladarse a la Fundación Favaloro con el objetivo de efectuarse una revisión general. Tras recibir un permiso del Dr. René Favaloro, optó por permanecer ahí hasta su muerte y recibir atención médica permanente a causa de su avanzada edad.

Durante un breve período, Merello recibió un subsidio de 800 pesos que le era entregado también a la actriz Sabina Olmos por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, presidida por su amigo Julio Mahárbiz. Cuando se enteró en 1999 del suicidio de Olmos, de entonces 85 años, expresó: «No supo esperar».

Luego del mismo episodio ocurrido con René Favaloro en septiembre de 2000, Merello se mostró muy acongojada y reflexionó acerca del hecho: «Los hombres y mujeres de la Fundación nos quedamos sin padre. Tengo un retrato de él en mi altar».

En agosto de 2001, comenzó a sufrir cuadros depresivos con mayor intensidad.93 Tres meses después, se trasladó a la sede de Radio Colonia acompañada por su ayudante para visitar a Julio Mahárbiz, que recientemente había sido procesado legalmente por varias irregularidades en el traspaso de fondos del Festival de Cine de Mar del Plata. Durante su breve visita, manifestó: «Antes de iniciar el viaje, quería cumplir con esta obligación de estar al lado de alguien que hizo mucho por mí, al que le debo un profundo agradecimiento».

Fallecimiento

Los decesos de Favaloro y su hermano Pascual en julio de 200096 y octubre de 2002 respectivamente deprimieron aún más a Merello. En diciembre de 2002, fue diagnosticada con un cáncer de mama con metástasis cerebral pero decidió no someterse a tratamiento.

Merello falleció a los 98 años de causas naturales, mientras dormía en la Nochebuena de 2002 en su habitación de la Fundación Favaloro. El director de la institución, Eduardo Gabe, manifestó a la prensa que su salud «se fue deteriorando progresivamente debido a la edad y afectó otras funciones como la respiratoria y cardíaca». De acuerdo a su deseos, el dinero invertido en arreglos florales fue donado a la Fundación.

Al día siguiente, sus restos fueron trasladados a la iglesia San Pedro Telmo, donde se llevó a cabo un servicio memorial en asistencia de familiares y personalidades del ambiente artístico.Luego de la ceremonia, se inició un cortejo fúnebre escoltado por el Regimiento de Patricios. Sus restos fueron incinerados y depositados en el Panteón de Autores y Compositores de SADAIC en el cementerio de la Chacarita.