En su testamento, el General José de San Martín pidió expresamente que su corazón descanse en Buenos Aires. Su deseo su cristalizó el 28 de mayo de 1880 con la repatriación de sus restos. En el puerto, muchos argentinos, encabezados por los ex presidentes Mitre y Sarmiento y el presidente en ejercicio, Nicolás Avellaneda, recibieron dichos restos que traía un navío de la Armada Nacional. El pedido que su corazón sea depositado en esta ciudad fue incluido en su tercer y último testamento, de fecha 3 de enero de 1844. El 30 de agosto de 1850, es decir 13 días después de su fallecimiento, Mariano Balcarce (su yerno) informó al gobernador Juan Manuel de Rosas sobre el deceso, así como que los restos fueron depositados en la bóveda de la Catedral boloñesa. El 21 de noviembre de 1861 los restos del Libertador fueron trasladados desde la Catedral de Boulogne-sur-Mer al panteón familiar de Brunoy. En 1862 fue inaugurado en la ciudad de Buenos Aires el monumento a San Martín. En la ceremonia habló el General Bartolomé Mitre, encargado del Poder Ejecutivo Nacional, quien dijo que el pedazo de tierra argentina en que se asentaba el pedestal de la estatua era el único ocupado por San Martín en su país "mientras llega el momento en que sus huesos ocupen un pedazo de tierra en ella". En 1864, el Congreso sancionó la ley que proveía los recursos para la repatriación de los restos del Libertador; el proyecto había sido presentado por los diputados Martín Ruiz Moreno y Adolfo Alsina. ¿Porqué se demoró treinta años en cumplir el deseo de San Martín? Una nota aparecida en la revista "Correo de Ultramar", del 1 de mayo de 1880, hecha luz sobre este tema: "Todos los gobiernos que han venido acreditándose en la República Argentina habían deseado verificar la traslación de los restos del ilustre general que reposaban en la tierra hospitalaria de la Francia desde el año de 1850 en que murió. Mientras vivió la digna hija del general, la distinguida señora doña Mercedes San Martín, esposa del ministro argentino en París, don Mariano Balcarce, fueron vanos estos deseos; la amante hija no quiso separarse en vida de los restos de aquel a quien debía el ser. "Pero la muerte vino también a arrebatarla, y todo un pueblo, y en su nombre su gobierno, a reclamar nuevamente las cenizas del Patricio, que no podía ni debía resistir a los deseos de toda una nación que reclamaba para ella la honra de poseer los restos de uno de sus más esclarecidos hijos". La repatriación estuvo organizada por una comisión "ad hoc" instituida el 11 de abril de 1877 por el presidente Avellaneda. La integraron, entre otros, el vicepresidente mariano Acosta, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Salvador M. del Carril, Enrique Perisena, el General Julio de Vedia, Antonio Malaver, Carlos Saravia y Aurelio Prado y Rojas. Esta comisión funcionó durante casi cuatro años, hasta el 6 de abril de 1881, día en que realizó su última reunión y dio por concluido su cometido.
La documentación de la Comisión se conserva en el Archivo General de la Nación.