El 25 de abril de 1834, San Martín compró su finca en Grand Bourg, merced a los oficios de su gran amigo, el noble español Alejandro Aguado y Ramírez, marqués de las Marismas del Guadalquivir y un año después compró también una casa en París, sita en la Rue Nueve Saint- Georges. Pasaba en la capital breves temporadas; la mayor parte del año permanecía en su finca de campo, junto al río Sena Grand-Bourg, se hallaba a sólo 7 kilómetros de París. Era un poblado pequeño, de escasas 70 áreas. La casa tenía un piso bajo y dos altos: en la planta baja se encontraban el salón, el comedor y la cocina; el primer piso tenia cinco habitaciones y tres el segundo. Estaba rodeada de un extenso parque, una huerta con árboles frutales, un jardín, un invernáculo y algunas dependencias. El Libertador gustaba de trabajar en el cuidado del jardín y algo de la huerta. En esta casa crecieron sus dos nietas, Mercedes y Josefa. San Martín adoraba la vida reposada y aislada que llevaba en Grand Bourg. Se levantaba al amanecer, preparaba su desayuno y luego pasaba a sus tareas habituales: el picado de tabaco, que fumaba en pipa y, a veces, en chala; la limpieza de su colección de armas; la realización de pequeñas obras de carpintería; o, bien, iluminaba litografías, con imágenes de barcos, paisajes marinos y escenas campestres. Solía pasear a caballo por las inmediaciones. La lectura fue la más sostenida de sus distracciones. Lo hacía en inglés, italiano y, naturalmente, francés. En 1848, debido a los movimientos revolucionarios que asolaban a París, abandona Grand Bourg y se instala en Boulogne- sur-Mer.
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