Después de lograr la independencia chilena, el Libertador viajó a Buenos Aires para discutir con el Director Supremo Pueyrredón, la prosecución de su plan. Sabía que era preciso apurar la formación de una escuadra para expulsar a los enemigos de la costa del pacífico y realizar la expedición a Chile. Para esta empresa se debía reforzar el ejército con más reclutas y oficiales; renovar los armamentos, el vestuario y los caballos. Todo esto requería una urgente financiación pero las arcas del gobierno estaban muy débiles. Pueyrredón tenía que afrontar las exigencias del Norte, amenazado constantemente por los realistas y además enfrentaba el peligro de invasión portuguesa en la Banda Oriental y la amenaza de Fernando VII, que estaba armando un ejército para invadir el Río de la Plata. Con la certeza de que libertaría al Perú, San Martín convenció a Pueyrredón y volvió a Mendoza con la promesa del gobierno de obtener quinientos mil pesos en cuatro meses a través de la aplicación de un empréstito forzoso. Satisfecho con su gestión, le escribió a O'Higgins antes de retornar: "El empréstito de los quinientos mil pesos está realizado. Hágase por ese Estado otro esfuerzo y la cosa es hecha. Sobre todo auméntese la fuerza hasta nueve mil hombres, pues de lo contrario nada se podrá hacer. Prevengo que en los quinientos mil pesos va inclusa la cantidad del valor de cuatro mil quinientos vestuarios destinados para el Ejército de los Andes. Póngase usted en zancos y dé una impulsión a todo para que haya menos que trabajar. De lo contrario yo me tiro a muerto." En realidad, los preparativos para la adquisición de la escuadra habían comenzado un tiempo atrás. Álvarez Condarco y Álvarez Jonte fueron a Londres con ese objeto, Manuel Aguirre y Gregorio Gómez, viajaron a Norteamérica para contratar barcos de guerra por cuenta de los gobiernos argentino y chileno. Se dispuso adquirir también, algunas naves que se ofrecían en el Río de la Plata o en Valparaíso. Desde Europa vendría Lord Cochrane para asumir el almirantazgo de la escuadra. En Buenos Aires había comprado armas y pertrechos de guerra. Hacia fines agosto, estando en Mendoza, recibió una carta de Pueyrredón: el empréstito había fracasado. San Martín presentó su renuncia, y debido al impacto que causó ésta en Buenos Aires, el Director Supremo dio marcha atrás y logró juntar unos trescientos mil pesos. De regreso a Santiago fue recibido con una buena noticia. La bisoña escuadra chilena, que ya contaba con varios de los buques contratados, comenzaba a dar frutos: el coronel Blanco Encalada apresó en Talcahuano a la fragata española "Reina María Isabel". El 13 de noviembre de 1818 redactó un manifiesto al pueblo del Perú, en que se presentaba como su Libertador: "Mi anuncio no es el de un conquistador que trata de sistematizar una nueva esclavitud. Yo no puedo ser sino un instrumento accidental de la justicia y un agente del destino. El resultado de la victoria hará que la capital del Perú vea por la primera vez reunidos a sus hijos eligiendo libremente su gobierno y apareciendo a la faz de las naciones del globo entre el rango de las naciones". A los pocos días, el 28 de noviembre, llegaba a Valparaíso lord Alejandro Cochrane. El 14 de enero de 1819, el almirante inglés salía de Valparaíso rumbo al puerto peruano de El Callao para hacer su primer crucero por el Pacífico y combatir a la flota española. La iniciación de la guerra marítima era la etapa indispensable de la expedición al Perú. Para ese entonces, el gobierno de Buenos Aires enfrentaba una severa crisis institucional, militar y política que le impedía continuar apoyando al Ejército de los Andes; mientras tanto, en Chile O'Higgins trabajaba con entusiasmo en los preparativos para organizar la campaña. Cuando se preparaba para retornar a Chile, San Martín sufrió un severo ataque de reuma y tuvo que ser traslado, en enero de 1819, en camilla por la cordillera. En Buenos Aires, la crisis política continuó agravándose hasta concluir disolviendo el Congreso y aboliendo la figura del Director Supremo. Ante los hechos, el 2 de abril de 1820 se realizó en Rancagua, una crucial reunión de todos los jefes del Ejército de los Andes. El general Las Heras leyó un pliego remitido por San Martín: " El Congreso y Director Supremo de las Provincias Unidas no existen: de estas autoridades emanaba la mía de general en jefe del Ejército de los Andes y de consiguiente creo que mi deber y obligación es manifestarlo al cuerpo de oficiales para que ellos por sí y bajo su espontánea voluntad nombren un general en jefe que deba mandarlos y dirigirlos, y salvar por este medio los riesgos que amenazan a la libertad de América. Me atrevo a afirmar que ésta se consolidará no obstante las críticas circunstancias en que nos hallamos si conserva como no lo dudo las virtudes que hasta aquí lo han distinguido". Firmes en sus convicciones, los jefes respondieron: "La autoridad que recibió el señor general para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país no ha caducado ni puede caducar, porque su origen que es la salud del pueblo, es inmutable". Mientras tanto, la ruta del Pacífico había sido franqueada por lord Cochrane. Desde el año anterior el almirante corría sin descanso a la armada realista, obligándola a encerrarse en el Callao. Allí la fue a buscar desafiando los fuegos de la poderosa fortaleza realista y declaró el bloqueo de toda la costa peruana. A principios de febrero de 1820 reconquistó los fuertes de Valdivia, último baluarte de la resistencia en el sur de Chile. Ya todo estaba listo. El ejército cambió su nombre por el de "Ejército Libertador del Perú". La escuadra iba recogiendo provisiones y hombres. Finalmente, el 20 de agosto de 1820, el ejército libertador zarpó rumbo al Perú. A los cuatro mil patriotas los esperaban los más de veinte mil realistas distribuidos en el virreinato peruano. San Martín estaba al tanto de todos los detalles de la situación política que enfrentaba el virrey Pezuela. Sabía que el movimiento revolucionario era apoyado por los todos los sectores de la sociedad, incluyendo a los indígenas, la nobleza y el clero. Conocía que la disputa que mantenían en España los liberales y los absolutistas se trasladó al ejército del virrey, por lo que las tropas españolas estaban ocupadas en sus problemas internos. La situación de los realistas se complicó con la victoria de Bolívar sobre las tropas de Morillo y la posterior creación de la república de Colombia, por lo que Pezuela no podía esperar refuerzos desde Nueva Granada. El 7 de setiembre, las fuerzas patriotas desembarcaron en la bahía de Paracas, a unos 260 kilómetros de Lima. Esto le permitía contar con tiempo para promover la insurrección del país. Ese mismo día, una avanzada dio su primera proclama al pueblo peruano mientras un grupo de soldados ocupaba la guarnición realista. Dicha proclama decía: "La América no puede contemplar la constitución española sino como un medio fraudulento de mantener en ella el sistema colonial. Ningún beneficio podemos esperar de un código formado a dos mil leguas de distancia, sin la intervención de nuestros representantes. El último virrey del Perú hace esfuerzos por prolongar su decrépita autoridad. El tiempo de la opresión y de la fuerza ha pasado. Yo vengo a poner término a esa época de dolor y humillación. Este es el voto del Ejército Libertador, ansioso de sellar con su sangre la libertad del Nuevo Mundo".
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San
Martín en el Congreso de Buenos aires ell 11 de mayo
de 1818 ,buscando apoyo para la campaña del Perú |
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San
Martín en Rancagua |
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Blanco
Encalada |
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Thomas
a Cocharne |
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La
flota de Cocharne |
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Los
batallones negros desempeñaron un papel importante
en toda la campaña de San Martín |
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| Desembarco de San Martín
en la playa de Paracas cerca de Pisco |
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