En julio de 1822, el general San Martín, se embarcó en la goleta "Macedonia" rumbo a Guayaquil para entrevistarse con Simón Bolívar, adonde llegó el 25 de ese mes. Bolívar había decidido la anexión de Guayaquil al gobierno de Colombia y así se lo hizo saber a San Martín por carta apenas desembarcó: "Con suma satisfacción, dignísimo amigo, doy a usted por primera vez el título que ha mucho tiempo mi corazón le ha consagrado. Amigo le llamo y este nombre será el que debe quedarnos por la vida porque la amistad es el único título que corresponde a hermanos de armas, de empresa y de opinión. Tan sensible me será que no venga a esta ciudad como si fuéramos vencidos en muchas batallas; pero no, no dejará burlada la ansia que tengo de estrechar en el suelo de Colombia al primer amigo de mi corazón y de mi patria. ¿Cómo es posible que venga usted de tan lejos para dejarnos sin la posesión efectiva en Guayaquil del hombre singular que todos anhelan conocer y si es posible tocar? No es posible. Yo espero a usted y también iré a encontrarle donde quiera esperarme; pero sin desistir de que nos honre en esta ciudad. Pocas horas como usted dice bastan para tratar entre militares; pero no serían bastantes esas mismas para satisfacer la pasión de amistad que va a empezar a disfrutar de la dicha de conocer el objeto caro que amaba sólo por la opinión, sólo por la fama".
Al día siguiente San Martín se reunió con Bolívar, quién lo recibió diciendo: "Al fin se cumplieron mis deseos de conocer y estrechar la mano del renombrado general San Martín".
Hablaron a solas durante una hora y media. Pocas horas después volvieron a reunirse a solas, esta vez en la casa de Bolívar. Al día siguiente, 27 de julio, San Martín volvió a entrevistarse con Bolívar; pero esa misma mañana dio la orden de arreglar su equipaje, pues pensaba embarcar en la goleta "Macedonia" a las once de la noche rumbo a Perú. La entrevista con el Libertador de Colombia duró cuatro horas y también fue a solas, sin testigos. Después hubo un brindis y al alzar su copa, Bolívar exclamó: "Brindo, señores, por los dos hombres más grandes de la América del Sur, el general San Martín y yo". San Martín contestó: "Por la pronta terminación de la guerra, por la organización de las nuevas repúblicas del continente americano y por la salud del Libertador".
Hacia la medianoche, el Protector del Perú navegaba hacia Lima. ¿Qué trataron en la entrevista? Durante años se tejieron conjeturas, porque del encuentro entre ambos sólo se supo con certeza que el Padre de la Patria se autoexcluyó de la escena americana dejando al Libertador de Colombia la tarea de concluir con las últimas fuerzas realistas en el Perú. El misterio se develó recién en 1844, cuando Gabriel Lafond de Lurcy, un marino francés que solicitó y obtuvo de San Martín informaciones y documentos sobre su actuación en la guerra de la emancipación americana, publicó en la obra "Voyages autour du monde et voyages cèlebres. Voyages dans les deux Amériques", el texto de una carta que San Martín dirigió a Bolívar el 29 de agosto de 1821, de vuelta en Lima una vez realizada la entrevista de Guayaquil y cuando el general ultimaba los preparativos para reunir al Congreso del Perú ante el cual resignaría su cargo de Protector. La carta fue traducida y publicada por Juan Bautista Alberdi en 1844, viviendo aún el general San Martín, y decía así: |
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Entrevista de
Guayaquil |
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Simón Bolivar |
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Escena de la
batalla de Junin del 6 de agosto de 1824 , con tropas al mando
de Bolivar , cuando ya San Martín había dejado las operaciones
militares en Perú |
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La victoria de
Ayacucho con tropas al mando del brigadier Sucre fue la
definción final de la batallas de la independencia en ella
murieron 1400 realistas y se rindieron 24 generales |
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Lima, 29 de agosto de 1821.
"Excmo. señor Libertador de Colombia, Simón Bolívar.
"Querido general: Dije a usted en mi última del 23 del corriente
que habiendo reasumido el mando Supremo de esta república, con el
fin de separar de él al débil e inepto Torre-Tagle las atenciones
que me rodeaban en el momento no me permitían escribirle con la
atención que deseaba; ahora al verificarlo no sólo lo haré
con la franqueza de mi carácter sino con la que exigen los altos
intereses de la América.
"Los resultados de nuestra entrevista no han sido los que me prometía
para la pronta terminación de la guerra. Desgraciadamente yo estoy
íntimamente convencido o que no ha creído sincero mi ofrecimiento
de servir bajo sus órdenes, con las fuerzas de mi mando, o que mi
persona le es embarazosa. Las razones que usted me expuso de que su delicadeza
no le permitiría jamás mandarme, y que aun en el caso de
que esta dificultad pudiese ser vencida estaba seguro que el Congreso de
Colombia no autorizaría su separación del territorio de la
república, permítame general, le diga no me han parecido
plausibles. La primera se refuta por sí misma. En cuanto a la seguida
estoy muy persuadido la menor manifestación suya al Congreso sería
acogida con unánime aprobación cuando se trata de finalizar
la lucha en que estamos empeñados con la cooperación de usted
y la del ejército de su mando y que el honor de ponerle término
refluirá tanto sobre usted como sobre la república que preside.
"No se haga usted ilusiones, general. Las noticias que tiene de las
fuerzas realistas son equivocadas: ellas montan en el Alto y Bajo Perú
a más de 19.000 veteranos, que pueden reunirse en el espacio de
dos meses. El ejército patriota, diezmado por las enfermedades,
no podrá poner en línea de batalla sino 8.500 hombres, y
de éstos una gran parte reclutas. La división del general
Santa Cruz cuyas bajas según me escribe este general no han sido
reemplazadas a pesar de sus reclamaciones en su dilatada marcha por tierra,
debe experimentar una pérdida considerable, y nada podrá
emprender en la presente campaña. La división de 1.400 colombianos
que usted envía será necesaria para mantener la guarnición
del Callao y el orden en Lima. Por consiguiente, sin el apoyo del ejército
de su mando, la operación que se prepara por Puertos Intermedios
no podrá conseguir las ventajas que debían esperarse, si
fuerzas poderosas no llaman en la atención del enemigo por otra
parte y así la lucha se prolongará por un tiempo indefinido.
Digo indefinido porque estoy íntimamente convencido que sean cuales
fueren las vicisitudes de la presente guerra, la independencia de la América
es irrevocable; pero también lo estoy de que su prolongación
causará la ruina de sus pueblos, y es un deber sagrado para los
hombres a quienes están confiados sus destinos, evitar la continuación
de tamaños males.
"En fin, general; mi partido está irrevocablemente tomado. Para
el 20 del mes entrante he convocado el primer congreso del Perú
y al día siguiente de su instalación me embarcaré
para Chile convencido de que mi presencia es el solo obstáculo que
le impide a usted venir al Perú con el ejército de su mando.
Para mí hubiese sido el colmo de la felicidad terminar la guerra
de la independencia bajo las órdenes de un general a quien América
debe su libertad. El destino lo dispone de otro modo y es preciso conformarse.
"No dudando que después de mi salida del Perú el gobierno
que se establezca reclamará la activa cooperación de Colombia
y que usted no podrá negarse a tan justa exigencia, remitiré
a usted una nota de todos los jefes cuya conducta militar y privada pueda
ser a usted de alguna utilidad su conocimiento.
"El general Arenales quedará encargado del mando de las fuerzas
argentinas. Su honradez, coraje y conocimiento, estoy seguro lo harán
acreedor a que usted le dispense toda consideración.
"Nada diré a usted sobre la reunión de Guayaquil a la
república de Colombia. Permítame, general, que le diga que
creí no era a nosotros a quienes correspondía decidir este
importante asunto. Concluida la guerra los gobiernos respectivos lo hubieran
transado sin los inconvenientes que en el día pueden resultar a
los intereses de los nuevos estados de Sud América.
"He hablado a usted, general, con franqueza, pero los sentimientos
que expresa esta carta quedarán sepultados en el más profundo
silencio; si llegasen a traslucirse, los enemigos de nuestra libertad podrían
prevalecerse para perjudicarla, y los intrigantes y ambiciosos para soplar
la discordia.
"Con el comandante Delgado, dador de ésta, remito a usted una
escopeta y un par de pistolas juntamente con el caballo de paso que le
ofrecí en Guayaquil. Admita usted, general, esta memoria del primero
de sus admiradores.
"Con estos sentimientos y con los de desearle únicamente sea
usted quien tenga la gloria de terminar la guerra de la independencia de
la América del Sud, se repite su afectísimo servidor.
Jose de San Martín." |
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Esto fue lo esencial de la entrevista de Guayaquil. En otra carta enviada desde Boulogne - Sur-Mer al presidente peruano, mariscal Ramón Castilla, el 11 de septiembre de 1848 decía: |
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"He ahí, mi querido general. un corto análisis de mi
vida pública seguida en América; yo hubiera tenido la más
completa satisfacción habiéndole puesto fin con la terminación
de la guerra de la independencia del Perú pero mi entrevista en
Guayaquil con el general Bolívar me convenció, no obstante
sus promesas, que el solo obstáculo de su venida al Perú
con el ejército de su mando, no era otro que la presencia del general
San Martín, a pesar de la sinceridad con que le ofrecí ponerme
a sus órdenes, con todas las fuerzas de que yo disponía.
"Si algún servicio tiene que agradecerme la América es
el de mi retirada de Lima, paso que no sólo comprometía mi
honor y reputación sino que era tanto más sensible cuanto
que conocía que con las fuerzas reunidas de Colombia la guerra de
la independencia hubiera terminado en todo el año 23. Pero este
costoso sacrificio y el no pequeño de tener que guardar un silencio
absoluto (tan necesario en aquellas circunstancias) por los motivos que
me obligaron a dar este paso, son esfuerzos que usted podrá calcular
y que no está al alcance de todos el poder apreciarlos". |
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