En enero de 1816 llegan a Tucumán algunos de los diputados de los pueblos, entre ellos, el diputado mendocino Tomás Godoy Cruz. San Martín le escribe pidiéndole la reunión del Congreso. Así, el 19 de ese mes, pregunta:
"¿Cuándo empiezan ustedes a reunirse? Por lo más sagrado, le suplico haga cuantos esfuerzos quepan en lo humano para asegurar nuestra suerte; todas las provincias están en expectación esperando las decisiones de ese congreso: él solo puede cortar las desavenencias (que según este correo) existen en las corporaciones de Buenos Aires".
Cinco días más tarde indaga:
"¿Cuándo se juntan y dan principio a sus sesiones? Yo estoy con el mayor cuidado sobre el resultado del congreso y con más si no hay unión íntima de opinión".
Casi dos meses después, el 12 de marzo, expresa su alegría:
"Su comunicación del 24 pasado llegó a mis manos y fue tanto más satisfactorio, cuanto me anuncia la reunión próxima del congreso; de él esperamos las mejoras que nos son necesarias, y si éste no lo hace, podemos resolvernos a hacer la guerra de gaucho". La proximidad del congreso hace pensar a San Martín en las decisiones por tomarse. Lo preocupa la posible implantación de un sistema político que ponga más énfasis en las autonomías locales que en la unidad de esfuerzos para alcanzar los objetivos comunes. Por ello, el 24 de febrero dice a Godoy Cruz:
"Me muero cada vez que oigo hablar de federación. ¿No sería más conveniente trasplantar la Capital a otro punto, cortando por este medio las justas quejas de las provincias? ¡Pero federación ! ¡Y puede verificarse ! Si en un gobierno constituido y en un país ilustrado, poblado, artista, agricultor y comerciante, se han tocado en la última guerra entre los ingleses (hablo de los americanos del Norte) las dificultades de una federación, ¿qué será de nosotros que carecemos de aquellas ventajas? Amigo mío, si con todas las provincias y sus recursos somos débiles, ¿qué nos sucederá aislada cada una de ellas? Agregue Ud. a esto la rivalidad de vecindad y los intereses encontrados de todas ellas, y concluirá Ud. que todo se volverá una leonera, cuyo tercero en discordia será el enemigo."
Y en la ya citada carta del 12 de marzo, trata el tema relativo al Poder Ejecutivo:
"En el caso de nombrar quién debe reemplazar a Rondeau yo me decido por Belgrano; éste es el más metódico de los que conozco en nuestra América, lleno de integridad y talento natural; no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a milicia, pero créame usted que es lo mejor que tenemos en América del Sur". |
| La
Independencia |
Hacia mediados de marzo ya están en Tucumán 21 diputados y se decide iniciar
las deliberaciones. El Congreso se instala el 24 y con el correr de los días
se incorporarán otros representantes de los pueblos, hasta sumar 33. No participaron
los diputados por Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos y la Banda Oriental, pero
sí, los altoperuanos. Mientras tanto, en Buenos Aires, Alvarez Thomas renuncia
el 16 de abril y la Junta de Observación lo reemplaza con el brigadier Antonio
González Balcarce, Al enterarse de los sucesos porteños, el Congreso se decide
por la designación de un Director Supremo titular, nombramiento que el 5 de
mayo recae en el diputado Juan
Martín de Pueyrredón. Mientras tanto, la independencia es un asunto que
San Martín considera prioritario para el Congreso: "¡Hasta cuándo esperamos
declarar nuestra Independencia!", dice a Godoy Cruz en carta del 12 de abril.
¿No le parece a usted -agrega- una cosa bien ridícula acuñar moneda,
tener el pabellón y cucarda nacional, y por último hacer la guerra al soberano
de quien en el día se cree dependemos? ¿Qué nos falta más que decirlo?
Por otra parte ¿qué relaciones podremos emprender cuando estamos a pupilo?
Los enemigos (y con mucha razón) nos tratan de insurgentes, pues nos declaramos
vasallos. Esté usted seguro que nadie nos auxiliará en tal situación, y por
otra parte el sistema ganaría un cincuenta por ciento con tal paso. ¡Animo,
que para los hombres de coraje se han hecho las empresas! Veamos claro, mi amigo:
si no se hace, el Congreso es nulo en todas sus partes, porque reasumiendo éste
la soberanía, es una usurpación que se hace al que se cree verdadero, es decir,
a Fernandito." Como Godoy Cruz responde arguyendo que declarar la independencia
"no es soplar y hacer botellas", San Martín le contesta el 24 de mayo: "Veo
lo que usted me dice sobre el punto de la independencia: no es soplar y hacer
botellas; yo respondo a usted que mil veces me parece más fácil hacerla que
el que haya un solo americano que haga una sola." El Congreso decide el 29 de
mayo constituir una comisión para que proponga un plan de trabajo. El proyecto
es aprobado en junio y en la sesión del 9 de julio se escoge como primer tema
del plan a considerar enseguida el relativo a la libertad e independencia del
país. Con relación a tan trascendente asunto, dirá la crónica de "El Redactor
del Congreso" que "desde hace mucho antes de ahora ha sido el objeto de las
continuas meditaciones de los señores representantes, quienes contraídos en
este acto a su examen, y conferidos entre todos los irrefragables títulos que
acreditan los derechos de los pueblos del sur, y determinados a no privarles
un momento más del goce de ellos, presente un numeroso pueblo convocado por
la novedad e importancia del asunto, ordenaron al secretario presentase la proposición
para el voto, y al acabar de pronunciarla, puestos en pie los señores diputados
en sala plena, aclamaron la independencia de las Provincias Unidas de la América
del Sur de la dominación de los reyes de España y su metrópoli, resonando en
la barra la voz de un aplauso universal con repetidos vivas y felicitaciones
al Soberano Congreso."
San Martín recibe la gran noticia en Córdoba, donde se
halla para deliberar con Pueyrredón. "Ha dado el Congreso - escribe
a Godoy Cruz- el 16 de julio el golpe magistral con la declaración
de la independencia; sólo habría deseado que al mismo tiempo
hubiera hecho una pequeña exposición de los justos motivos
que tenemos los americanos para tal proceder; esto nos conciliaría
y ganaría muchos afectos en Europa". Y agrega: "La maldita suerte
no ha querido el que yo me hallase en mi pueblo para el día de la
celebración de la Independencia. Crea usted que hubiera echado la
casa por la ventana". |
|