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Carlos Mauricio Pacheco

Dramaturgo argentino vivió en Buenos Aires, donde escribió la totalidad de su obra. Es autor de El patio de don Simón; La ribera; Compra y venta; El diablo en el conventillo; La boca del Riachuelo y, la mejor de todas, Los disfrazados.
 Carlos Mauricio Pacheco
Carlos Mauricio Pacheco

Biografía

Dramaturgo argentino, nacido accidentalmente en Montevideo (Uruguay) en 1881 y fallecido en Buenos Aires en 1924. Ligado desde su temprana juventud al Arte de Talía, fue también actor ocasional -actividad que desempeñó con muy escasa fortuna- y director artístico en diferentes compañías argentinas. Estrenó más de ochenta piezas dramáticas (algunas de ellas escritas en colaboración con otros autores), casi todas adscritas al subgénero del sainete, al que el propio Carlos Mauricio Pacheco dotó de una marcada especificidad criolla que dejó un hondo poso de dramatismo en el desenfado zarzuelero propio de los modelos clásicos españoles.

Hijo del coronel Agenor Pacheco, el futuro dramaturgo vino al mundo cuando su familia se hallaba instalada en la capital uruguaya, debido al período de exilio que, por motivos políticos, cumplía por aquel entonces su progenitor. Pero a los pocos meses de edad ya estaba afincado en Buenos Aires, ciudad en la que habría de residir durante toda su vida, y en la que presentó los estrenos de todas sus piezas teatrales. Considerado, a muy temprana edad, como uno de los autores más prolíficos de la escena argentina de su tiempo, Carlos Mauricio Pacheco cuestionó en todo momento el subgénero sainetero, pero no para apartarlo de su producción teatral, sino para obrar en él una profunda transformación que le dotara de una estructura y unos temas capaces de reflejar, con mayor autenticidad que los modelos tradicionales hispánicos, la realidad argentina de su tiempo. No rompió, empero, abruptamente con la tradición española (como queda patente en el empleo de ciertos moldes formales que, como la seguidilla, dan consistencia a algunas de sus mejores piezas, como la titulada La ribera, de 1909); pero sí supo encontrar en el talante específico del criollo unos rasgos propios que, heredados de la condición de inmigrantes de sus antepasados, obligaban a incluir en el sainete argentino un desasosiego trágico que convive -sin llegar a fusionarse plenamente, como ocurre en el género grotesco- con la alegría desbordada del sainete español. 

El propio dramaturgo definió la especificidad de esta herencia criolla presente en sus obras como "la trágica sensación de la vida inquieta y desbordada en fiebre de conquista, en pasiones renovadoras, que agitan al inmigrante básico"; en su opinión, esta forma de entender la vida "invade nuestra escena y su hálito de drama quiebra el pintoresco trazo de lo cómico".

Los elementos disponibles en la época y lugar donde escribía Pacheco diferían de los que tenían los creadores del "género chico español" y así puntualizaba Pacheco:

"Nuestra formación social impide que destaquemos al tipo noble que ha permitido a don Ramón de la Cruz y a otros ingenios crear el sainete y la figura del sainete...En algunos casos la penetración psicológica rápida y colorida de algunos autores ha dado figuras dignas del mayor elogio. Pero en seguida, la trágica sensación de la vida inquieta y desbordada en fiebre de conquista, en pasiones renovadoras, que agitan al inmigrante básico, invaden nuestra escena y un hálito de drama quiebra el pintoresco trazo".


Entre sus obras más aplaudidas por críticos y espectadores conviene recordar aquí la titulada Los disfrazados, llevada por vez primera a escena en el bonaerense Teatro Apolo el día 21 de diciembre de 1906, por parte de la compañía Parravicini-Podestá. Recogida, trece años después de su estreno, entre las páginas de la revista Bambalinas [(Buenos Aires), II, 49 (1919), págs. 2-16], esta breve y exitosa pieza sirvió de título a una extensa recopilación de la producción teatral de Carlos Mauricio Pacheco, publicada en su país natal a los cuarenta años de su muerte: Los disfrazados y otros sainetes (Buenos AIres: EUDEBA, 1964).

Además de esta famosa obra, el dramaturgo argentino fue autor de otros éxitos de gran resonancia en su época, como el sainete Música criolla, escrito en 1906 en colaboración con Pedro Eugenio Picó, y recogido en la obra El teatro argentino [t. IV: El sainete, con prólogo de Abel Losada y selección y notas de Marta Speroni y Griselda Vignolo] (Buenos Aires: CEAL, 1980), págs. 63-97. Otras piezas suyas de notable interés son las tituladas Los equilibristas (1912), publicada entre las páginas de la revista Argentores (Buenos Aires), III, 106 (1936), págs 1-32; el sainete extenso, compuesto de tres actos, Pájaros de presa (Montevideo: O. Bertani, 1913); La ribera (1909), publicada en la revista El Teatro Argentino (Buenos Aires), II, 31 (1920); Tangos, tongos y tungos, impresa en la revista Bambalinas (Buenos AIres), II, 49 (1919); El diablo en el conventillo, de 1915, aunque publicada por vez primera cuando habían transcurrido más de cincuenta años desde la fecha de su estreno (Buenos Aires: Ediciones del Carro de Tespis, 1966); y Don Quijano de la Pampa, recogida también entre las páginas de Bambalinas (Buenos Aires), V, 200 (1922).