Jose Rivera Indarte

Escritor y poeta. Opositor de Juan Manuel de Rosas
Jose Rivera Indarte
Jose Rivera Indarte

Biografía

Nació en Córdoba el 18 de agosto de 1814, realizó sus estudios en Buenos Aires y a los dieciocho años comenzó a actuar en política y a escribir poesia.

Durante un tiempo residió en Montevideo, donde publicó un periódico llamado El Investigador. Fue expulsado por el presidente Fructuoso Rivera, a pedido del ministro ―y futuro presidente― Manuel Oribe, y regresó a Buenos Aires.

Su primera obra fue una pequeña Oda a Rosas, que mostraba a este como un encarnizado perseguidor de unitarios, era un pasquín pegado en esquinas de la ciudad, encabezado por una espiga de maíz  que representaba a Rosas, usando una analogía respecto al cabello rubio del gobernador y su color de tez rubicundo. El cartel era una amenaza velada a los opositores, y la figura fue tomada como símbolo por los fanáticos rosistas de la Sociedad Popular Restauradora, que comenzaron a usar orgullosos el nombre de La Mazorca.

En 1837, se unió a los jóvenes literatos de la Asociación de Mayo, por lo que pronto fue investigado por la misma Mazorca a la que antes alabara como posible aliado de los enemigos franceses. Por otro lado, fue procesado por estafa y falsificación de documentos. Por esa razón huyó a Europa en 1839, después del descubrimiento de la conspiración de Maza. Visitó Londres y algunas ciudades de Estados Unidos.


Regresó a fines de ese año a Montevideo, donde se dedicó a atacar en la prensa al gobierno de Rosas por medio de poesías y alegatos; entre los muchos periódicos en los que publicó se destacaron sus colaboraciones en el diario El Nacional, desde el cual acusó a Rosas de toda clase de crímenes e inmoralidades. Acompañó a Florencio Varela a convencer al general Juan Lavalle de unirse a los franceses en la guerra contra su propio país.


En 1841, el gobernador Rosas recibió un paquete a nombre de una sociedad de anticuarios, con una nota que decía que era parte de una colección de medallas.

En realidad contenía la que Rosas llamaría la máquina infernal, una corona de doce caños de pistola, cargados cada uno con una bala, y un mecanismo para que dispararan automáticamente ―en todas direcciones― al abrir la caja. La caja no fue abierta por el gobernador sino por su hija Manuelita Rosas, que salvó su vida de milagro, ya que una falla en el gatillo impidió que disparara. Nunca se supo quién la había enviado, pero entre el más insistentemente acusado en la prensa porteña fue José Rivera.


Tablas de Sangre

En el periódico Atlas de Londres del 1º de marzo de 1845, en artículo reproducido por Emile Girardin en La Presse de París, se afirma que la casa Lafone, concesionaria de la aduana de Montevideo, habría pagado la macabra nómina a un penique el cadáver.  Por lo tanto los 480 cadáveres habrían reportado dos suculentas libras esterlinas para Rivera Indarte (antes de 1971 un penique era la 1/240 parte de una libra esterlina).  A valores actuales serían U$S 17,50 por muerto.  De esta manera las primeras “Tablas de Sangre” le dejaron U$S 8.400 a valores actuales.  Pero la lista no terminaba allí ya que las “Tablas” agregaban 22.560 caídos y posibles caídos en todas las batallas y combates habidos en la Argentina desde 1829 en adelante.  Con el agregado posterior de estos últimos muertos la suma percibida por Rivera Indarte se incrementó en U$S 394.800 más.

Los procedimientos para matar eran escalofriantes: “las cabezas de las víctimas son puestas en el mercado público adornadas con cintas celestes”, los degüellos se hacían “con sierras de carpintero desafiladas”.  No paró ahí el taimado periodista: sus relatos sobre los incestos de Rosas con su hija Manuelita, y las macabras ceremonias a las que se habría entregado ante los catafalcos de sus padres completaban la imagen del monstruo que Europa nos venia a extirpar. Las Tablas de Sangre fueron publicadas en folletín por el Times de Londres para estremecer de horror a los flemáticos victorianos, y por Le Constitutionelle de París para quitar el aliento a los buenos burgueses de Luis Felipe. Roberto Peel, que aprobó el gasto de la Casa Lafone, lloró al leerlas en la tribuna de los Comunes pidiendo se aprobase la intervención, y Thiers (a quien el destino llamaría a cometer horrores más grandes en 1871) se estremecía por “el salvajismo de esos descendientes de españoles” al citar Las Tablas acoplando a Francia a la intervención británica.

Según José María Rosa, la casa Lafone & Co. (Samuel Lafone), que habría pagado las “Tablas de Sangre”, era materialmente dueña de Montevideo: en 1843 había comprado las rentas de la Aduana hasta 1848, lo que le significaría una gran ganancia si el puerto de Buenos Aires fuese bloqueado por potencias extranjeras decididas a imponer “orden y civilización”.  Cabe señalar que Lafone & Co. Era propietaria de Punta del Este, también de la isla Gorriti, y se le había concedido en exclusividad la caza de lobos marinos en la isla de Lobos por trece años.

Rivera Indarte, que años atrás robara la corona de la Virgen de las Mercedes; que fuera expulsado de la Universidad por ladrón de libros; hombre de costumbres sospechosas e hipócrita redomado; ensalzador de Rosas y ahora su injuriador, carece en absoluto de autoridad.  Pero el odio a Rosas se la presta y sus calumnias corren como verdades.  Hasta hoy perdura la influencia de las Tablas de Sangre, pues aún hay quienes, para hacer historia, dan como ciertas las mentiras de tamaña cloaca…mente el nombre de teatro Rivera Indarte.

Fallecio en Santa Catalina en Brasil el 19 de agosto de 1845.