Operación de Ica

Antes de iniciar el viaje a Guayaquil, San Martín despachó una expedición hacia el valle de Ica, para sostener el espíritu de insurrección latente allí contra la dominación española; disponía de 2.100 hombres y seis piezas de artillería, y partió de Lima a comienzos de enero de 1822 al mando del general Domingo Tristán, cuyo jefe de estado mayor era el coronel Gamarra. 


la Batalla de Ica

Su misión consistía en ocupar el valle de Ica para impedir así que el enemigo llegase hasta la costa y recibiese auxilios desde la misma, pero no debía comprometerse en acciones decisivas, sino fomentar la insurrección y armar nuevos contingentes, para lo cual llevaba excedentes de armas.

La expedición desembarcó en Pisco y llegó a Ica el 18 de enero; extendió la vigilancia hasta Nazca y partidas de observación ocuparon los caminos por de la sierra. Los jefes de la expedición eran peruanos y habían servido en las filas realistas. La Serna envió contra ellos a Canterac con 2.000 hombres desde Jauja y a Valdés con 500 más desde Arequipa, para que encerrasen a la división patriota.

Informaciones tendenciosas que habían exagerado los respectivos efectivos, inmovilizaron un tiempo a ambos bandos. Mal informados, los patriotas decidieron dirigirse en retirada a Pisco, pero Canterac les cerró el paso en el desfiladero de la hacienda La Macacona; Tristán y Ga-marra habían iniciado el repliegue el 6 de abril ignorando la posición que había ocupado el enemigo y fueron recibidos por el fuego nutrido de los realistas en la obscuridad de la noche. La sorpresa fue completa y los jefes de la división patriota no supieron dominar la situación creada y experimentaron una derrota completa; en menos de una hora de hostilidades la división fue destruida y quedaron en poder de Canterac: 1.000 prisioneros, incluso 50 jefes y oficiales, la artillería, el parque, las banderas. Un escuadrón de caballería peruano que acudía en refuerzo de Tristán, fue también dispersado.

La derrota repercutió en el prestigio de las armas de los independientes, precisamente en el momento en que Bolívar y Sucre operaban con éxito sobre Quito; San Martín reasumió el mando militar para encarar futuras operaciones y dejó el mando político en manos de Torre-Tagle.