José de San Martín
San Martín, su vida San Marítn, su paso por el ejército San Martín y su inserción en la política Comentarios acerca de San Martín Bibliografía
Los renunciamientos de San Martín no se circunscribieron únicamente a los bienes materiales y a la familia. Su amor por la causa libertadora primó por sobre las honras y los cargos que pudo obtener por la grandeza de sus logros. "Prometo a nombre de la independencia de mi patria, no admitir jamás mayor graduación que la que tengo, ni obtener empleo público y, el militar que poseo, renunciarlo en el momento en que los americanos no tengan enemigos." Estas palabras las pronunció en 1816, mientras preparaba el Ejército de los Andes. Fiel a su palabra, el 26 de febrero de 1817, rechazó el grado de brigadier que le otorgó el Gobierno de las Provincias Unidas después del triunfo de Chacabuco y tampoco aceptó el mismo grado concedido por el Gobierno de Chile. Con ese espíritu, al enterarse que el Congreso y el Director Supremo de las Provincias Unidas fueron disueltos después de la batalla de Cepeda, San Martín creyó que era su deber manifestar esta situación al cuerpo de oficiales del Ejército de los Andes, para que por sí nombren al jefe que debía mandarlos. Los oficiales manifiestan, según el Acta del 2 de abril, que consideraban nulo el fundamento y las razones que se esgrimían, "pues la autoridad del general (San Martín), que la recibió para hacer la guerra, no ha caducado ni puede caducar porque su origen, que es la salud del pueblo, es inmutable." En Perú su desapego a los poderes volvió a manifestarse. Allí abdicó al mando supremo, transfiriendo el poder al Congreso General Constituyente que él mismo había convocado, puesto que "la presencia de un militar afortunado (por más desprendimiento que tenga) es temible a los Estados que de nuevo se constituyen" (Pueblo Libre, 20 de setiembre de 1822). Con renunciamiento, San Martín se despojó voluntariamente del mando y entregó al pueblo el ejercicio total de la soberanía y, consciente de su gesto, dijo: "si algún servicio tiene que agradecerme la América, es la de mi retirada de Lima." Años más tarde, en 1839, ratificó su indeclinable voluntad de cumplir con la promesa hecha en 1816. El 17 de julio de ese año Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires y encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, nombró a San Martín ministro plenipotenciario ante el Gobierno de la República del Perú. Sin embargo, el 30 de octubre, desde Grand Bourg, el Libertador renuncia al ofrecimiento y contesta: "si sólo mirase mi interés personal, nada podría lisonjearme tanto como el honroso cargo a que se me destina... Pero faltaría a su deber si no manifestara que enrolado en la carrera militar desde los doce años, ni mi educación e instrucción las creo propias para desempeñar con acierto un encargo de cuyo buen éxito bien puede depender la paz. No obstante si una buena voluntad, un vivo deseo de acierto y una lealtad, la más pura, fuesen sólo necesarias para el desempeño de tan honrosa misión, es todo lo que podría ofrecer para servir a la República...
 

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