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El ejército realista del Alto Perú, después de
retirarse de Salta y Jujuy, estableció el cuartel general en Tupiza,
Los levantamientos patriotas y las expediciones punitivas se sucedieron,
con pérdidas sensibles para los rebeldes;
Aunque andaba tan escaso en elementos para el
ejército a su cargo, Belgrano se esforzaba por ayudar a Güemes; eso
desengañaría a "los que propalan que hay diferencias, entre
nosotros; bien que a mi poco me importa, porque no busco el concejo de
nadie, sino el de mi propia conciencia, que al fin es con la que vivo en
todo instante y no quiero que remuerda".
Cuando se produjo la cuarta invasión realista, las
posibilidades de Belgrano eran muy reducidas; todos los recursos a que
Pueyrredón podía echar mano iban a Mendoza con destino al ejército de
los Andes; ni siquiera tenía caballos para montar a los de esa arma, y
aconsejaba a Güemes que sus gauchos, en lugar de sables, que no podía
proporcionar, usasen lanzas: "Yo le aseguro que harán primores con
ellas".
Existía una relación amistosa y de confianza entre
Belgrano y Güemes; con esa conducta y con la perspicacia de San Martín
para prever lo que el caudillo salteño era capaz de dar a la causa
común, se salvó la frontera del norte a costa de muchos sacrificios en
hombres, pero sin absorber las escasas disponibilidades del país. Si
hubiese sido posible algo similar en el caso de Artigas, se hubiesen
ahorrado muchos años de dificultades y de derramamientos de sangre.
Belgrano pidió al gobierno autorización para
disponer de los fondos del Estado o de los particulares; el 8 de mayo el
Congreso le autorizó a realizar empréstitos forzosos en casos de
urgente necesidad y encomendó al director supremo toda la ayuda posible
y a la mayor brevedad al ejército del Norte.
El deseo ardiente de Belgrano era que sus tropas
participasen en la guerra y proyectó remontarlas a 6.000 hombres; pero
continuaban en la máxima estrechez; sus soldados carecían de uniforme,
la comida en abundaba, el armamento era insuficiente; ni siquiera
disponían de caballadas. Y en esos momentos, los indios se agitaban y
cometían tropelías contra las zonas pobladas, y los caudillos del
litoral creaban tropiezos al gobierno bajo la inspiración artiguista.
Aun sabiendo que Belgrano no disponía de elementos,
Belgrano mejoraba y disciplinaba el ejército a instruía a los
oficiales en Tucumán; aspiraba a ponerlo en condiciones de intervenir
eficazmente y cooperar en los futuros movimientos de San Martín hacia
el Perú.
Al producirse la irrupción de Olañeta por la
Quebrada, la caballería de los gauchos no había sido repuesta después
del desgaste de la última campaña; entonces quiso Belgrano moverse
contra la vanguardia realista, para que los habitantes de Salta y Jujuy
pudiesen dedicarse a la atención de sus hogares y cultivos. Pero en
lugar de esa empresa, el gobierno de Buenos Aires le ordenó que enviase
a Córdoba al regimiento N° 2, de 400 hombres, al mando de Juan
Bautista Bustos, para aplacar la insurrección de Bulnes.
Los acontecimientos que tenían lugar en las
provincias del litoral pusieron fin a la intervención del ejército del
Norte en la guerra contra el enemigo común y se perdió así para las
luchas por la independencia. Es verdad que los realistas no podían contar ya con
grandes perspectivas y que sus proyectos de avance sobre Tucumán y
eventualmente sobre Córdoba habían cambiado, pero para la defensa de
la frontera norte bastaban los gauchos salteños. |