Manuel Belgrano
Primeros Años
El Consulado
1810
Paraguay
Alto Perú
Lejos del Frente
Ejército del Norte
El ocaso
 
Campaña al Paraguay  
Cruce del Río Paraná y combate de Campichuelo  
El general Belgrano estableció su puesto comando en La Candelaria. Dice Mitre que "tuvo que construir una escuadrilla compuesta de un gran número de botes de cuero, algunas canoas y grandes balsas de madera, capaces de transbordar 60 hombres y una mayor que todas, para soportar el peso de un cañón de a 4 haciendo fuego, pues se esperaba realizar el desembarco a viva fuerza".
El Paraná tiene frente a La Candelaria más de 1.000 metros de ancho y fuerte correntada, y se estimó que iba a desviar la ruta de la escuadrilla en más o menos una legua y media aguas abajo en el lugar elegido, un claro del monte llamado El Campichuelo. El 18 de diciembre de 1810, antes de iniciar la operación, Belgrano arengó a sus hombres. La maniobra comenzó a las 23, con el envío de pequeños efectivos a cargo de un titulado baquiano del rey, llamado Antonio Martínez, y los sargentos Evaristo Bas y Rosario Abalos, con 10 soldados voluntarios.
La operación fue exitosa; capturaron dos prisioneros, sumamente valiosos por la información a brindar, y una canoa. Martínez, el baquiano del rey, remitió las tres canoas informando que el lugar de cruce era favorable. Así lo ejecutó Belgrano, superando el gran obstáculo con sus efectivos entre las 3:30 y las 6 del 19 de diciembre, a las órdenes del mayor general Machain.
Se produjo la lógica dispersión, y ante la oscuridad reinante y el desconocimiento del terreno, hubo dificultades para la reunión del personal. Sin esperar la reunión de todos los efectivos y ante el conocimiento de la existencia de una guardia enemiga en El Campichuelo, el mayor Machain avanzó decididamente. Seguido por los edecanes del general Belgrano, Ramón Espíndola y Manuel Artigas, por los ayudantes mayores Juan Espeleta y Juan Mármol, el subteniente de Patricios Jerónimo Helguera, seis granaderos de Fernando VII, 17 patricios y 4 arribeños, con 5 oficiales y 27 soldados en total, se inició el ataque a los paraguayos. El éxito coronó el esfuerzo de los infantes, que en una prueba de arrojo ponderable se apoderaron de la posición defendida por 54 hombres y un par de cañones pedreros. El general Manuel Belgrano realizó una difícil y brillante operación, eludiendo la vigilancia enemiga y atacando sin esperar la reunión total de sus fuerzas; con inferioridad numérica derrotó a un enemigo superior en número.
El espíritu ofensivo, el factor sorpresa y la decisión fueron esenciales. Es importante tener en cuenta que los oficiales debieron comandar soldados que, en su mayoría, no eran de su fracción orgánica.
   
Maracaná y Paraguay  
Los efectivos paraguayos habían evacuado Campichuelo e Itapuá Los efectivos triunfantes en Campichuelo se constituyeron en la vanguardia de las tropas de Buenos Aires ocupando Itapuá donde fueron capturados canoas, un cañón, armamento diverso, municiones y equipo que el enemigo abandonó en su precipitada huida.
Mientras tanto, el jefe realista, coronel Velasco, mantuvo débiles fracciones de seguridad en contacto con el invasor.
El avance de las fuerzas patriotas en tierra paraguaya fue una empresa difícil, debió vencer bosques impenetrables, inmensos montes, lagunas y pantanos, en medio de la incertidumbre más absoluta. En su avance, Belgrano supo de que una subunidad paraguaya de un centenar de hombres, se retiraba hacia el norte con algunas horas de ventaja. Ordenó al capitán Gregorio Perdriel que iniciara su persecución y posterior ataque. Los efectivos al mando del comandante Rojas, que habían pasado al descanso en la margen opuesta de un curso de agua en el monte de Maracaná, respondieron el fuego y lograron desprenderse y replegarse a través de la espesura. Dos prisioneros y armamento fue el botín conquistado. El grueso de los efectivos de Belgrano, marchando de noche a la luz de la luna, cruzó el río Tebicuary, acampando el 11 de enero de 1811 en Itaipá, a 27 leguas (135 kilómetros) de Asunción. En su repliegue, Velasco utilizó el procedimiento de evacuar la población y el ganado de la zona. Belgrano, en su avance, encontró aldeas y pueblos desiertos.
El 15 de enero de 1811, el ejército patriota alcanzó el arroyo Ibáñez. En ese lugar, Belgrano tomó conocimiento de que importantes efectivos paraguayos se encontraban al norte del arroyo Paraguay con intenciones de presentar combate.
El ejército paraguayo, comandado por el gobernador Velasco, tenía un efectivo de 7.000 hombres, de los que 800 eran de infantería con armas de fuego; el resto eran tropas de caballería sin instrucción y armados con lanzas y sables. Su dispositivo era el clásico de la época: infantería con apoyo de la artillería (16 piezas) en el centro y la caballería en ambas alas. El coronel Pedro García comandaba la infantería, el comandante Cabañas el ala derecha y el comandante Gamarra el ala izquierda. Sus flancos estaban apoyados a la derecha en un curso de agua y a la izquierda en un monte muy espeso. El mismo día, Belgrano reúne su estado mayor y "se acuerda atacar por sorpresa a Velasco el día siguiente, antes del amanecer, aprovechando la oscuridad de la noche para eludir la mayor potencia de fuego del enemigo". La idea de Belgrano de atacar con 500 hombres a 7000 se fundamentaba en la creencia en la poca capacidad de combate del enemigo, y en la consideración de que, por la posición alcanzada y la numerosa caballería del enemigo, sería muy difícil rehuir el combate y replegarse. Además, Belgrano había dejado a retaguardia al coronel Rocamora, en La Candelaria, con efectivos importantes, para asegurar su línea de abastecimiento y seguridad ante un eventual repliegue, lo que debilitó sus efectivos para la ofensiva.
El 19 de enero se inició el ataque, con dos líneas paralelas de infantería, la primera de 220 hombres y la segunda de 240, con dos piezas de artillería cada una, los flancos de la operación estaban apoyados por un centenar de efectivos de caballería en cada uno de ellos. Se constituyó una reserva en el cerro Mbaé, integrada por 70 jinetes, 2 cañones, milicianos y peones de los bagajes, armados con palos, simulando fusiles. La primera línea atacante era mandada por Machain y la segunda por Gregorio Perdriel. Después de un intenso fuego de artillería, las fracciones de infantería veterana, pertenecientes a los regimientos 1, 2, y 3, atacaron frontalmente, rompiendo el centro de la posición, tomaron cinco piezas de artillería y persiguieron a los derrotados en dirección a la localidad de Paraguary, donde se encontraba el puesto comando del gobernador Velasco. Este, creyéndose totalmente derrotado, emprendió la retirada, abandonando incluso su equipo. Ante esta situación, aparentemente favorable, Machain ordenó perseguir a los efectivos realistas con 120 hombres de infantería y caballería, al mando del edecán Ramón Espíndola. Las alas de los efectivos paraguayos que no habían intervenido en el combate, y que no se habían replegado ni fueron atacadas, atacaron realizando un movimiento envolvente y con apoyo artillero rodearon a los efectivos de Espíndola y de Machain. Belgrano consiguió recuperar las fuerzas al mando de su segundo jefe, pero fue rechazado en su intento de conexión con su edecán cercado, Espíndola quien murió en combate. Los patriotas perdieron 150 hombres y los paraguayos 60. No hubo decisión porque los realistas no persiguieron. Las causas que llevaron a Belgrano a este fracaso fueron enfrentar a un enemigo superior numéricamente, que los efectivos de Espíndola se dedicaron a saquear el Paraguay descuidando su misión, que no se atacaron las a las paraguayas, posibilitando su accionar ofensivo, y que se debilitaron los efectivos de la ofensiva para la protección de la línea de abastecimientos (Rocamora).
   
Repliegue de las fuerzas  
El general Belgrano resolvió retirarse y lo hizo, sin ser perseguido por efectivos paraguayos. El repaso del río Tebicuary requirió tres días, más dos de descanso, agotada por los esfuerzos físicos realizados. Durante la marcha se incorporaron tropas adelantadas por Rocamora desde La Candelaria, 120 hombres de infantería y un escuadrón. Belgrano recibe el informe del coronel Rocamora de que sus efectivos se han visto disminuidos por la deserción de 130 milicianos. El personal de refuerzo fue arengado por el propio Belgrano, quien expresa: "... que los encuentro tan entusiasmados como a los nuestros. Por esto es que los he agregado al Cuerpo de Patricios y al de Arribeños, y van comportándose perfectamente... ".
Belgrano, entendiendo que su misión es fundamentalmente política, brinda un excelente trato a los prisioneros de guerra, a quienes libera inculcados de los ideales revolucionarios de la Junta de Buenos Aires. Las tropas de Belgrano ocuparon una posición al sur del río Tacuarí a mediados de febrero de 1811. Belgrano informa a la Junta porteña, con fecha 17 de febrero, que el enemigo ha mantenido contacto con las fuerzas de Buenos Aires, pero sin indicios de la proximidad de una acción ofensiva. La intención del general Belgrano es mantener la posición del río Tacuarí como cabecera de playa, a la espera de refuerzos solicitados y prometidos desde Buenos Aires. Las urgencias logísticas apremian a Belgrano. Referente a la tropa, el general aclara que de sus efectivos actuales no puede contar para operaciones nada más que con los soldados de Buenos Aires por su instrucción y su patriotismo. Los naturales y correntinos abandonan sus posiciones apenas el enemigo abre fuego. El 14 de febrero, ante el fuego de artillería aislada paraguaya, se desbandaron los milicianos, de una avanzada posición, dejando a sus oficiales sin medios.
   
Combate de Tacuarí  
La posición de las fuerzas de Buenos Aires era fuerte, protegida por el curso de agua, profundo y no vadeable. Belgrano persiste en dispersar sus tropas al ordenar al coronel Rocamora que con sus milicias ocupe Itapuá, debilitando su posición principal. Las fuerzas defensoras llevaban veinte días en la posición. No habiendo efectuado exploración, desconocían la situación y la actitud del enemigo. El plan de ataque paraguayo, con unos 3000 hombres, fue el de realizar dos ataques secundarios, uno frontal y el otro fluvial para distraer fuerzas, llevando el ataque principal hacia el flanco derecho de la posición del general Belgrano. Los paraguayos sorprendieron con su ataque la posición patriota el 9 de marzo al amanecer. El ataque se inició con el fuego de artillería paraguaya con piezas de "a 8 y 6", en el centro del dispositivo, en el propio paso Tacuarí. A la hora de iniciado el combate, Belgrano recibe información de que el enemigo ha atravesado el río Tacuarí, aguas arriba, con efectivos importantes. Los paraguayos sorprendieron a Belgrano construyendo una picada en el monte de más de 10 kilómetros de longitud. El centro del dispositivo, a las órdenes de Belgrano, continuó resistiendo el ataque frontal. Belgrano manifiesta que debe economizar la munición de las piezas disponibles, ejecutando solamente los disparos necesarios. En tales circunstancias, recibió la información de un ataque fluvial. Belgrano ordenó al mayor Celestino Vidal, con los granaderos que quedaban, y al capitán Campos, de Arribeños, el rechazo de la incursión fluvial. En esta acción le tocó una actuación notable a Vidal, muy enfermo de la vista al extremo de servirse de un tambor como lazarillo, recibe la orden de hacerse cargo del ala izquierda para repeler el ataque de la flotilla paraguaya; abrió un sostenido y certero fuego de mosquetería, rechazó al enemigo y se apoderó de las canoas.
Mientras tanto, en el flanco derecho de la posición, la situación era netamente desfavorable para las fuerzas patriotas. La superioridad numérica y la potencia de fuego de artillería paraguaya eran sensiblemente decisivas, siendo rodeada y tomada prisionera la división de Machain, con su material y equipo.
Consiguen eludir el cerco el capitán Cabrera, de la subunidad de Pardos y Morenos, un oficial de artillería y algunos soldados, los que pudieron llegar hasta el puesto comando de Belgrano con el parte correspondiente. Belgrano tomó conocimiento del peligro existente en el flanco derecho y se organizó para el último esfuerzo. Desertaron numerosos naturales, lo que motivó que Belgrano en su informe a la Junta expresase: "... porque los demás llenos de cobardía y vileza me abandonaron huyendo vergonzosamente".
Decidido a resistir, dejó a cargo del sargento Raigada, con 25 hombres de infantería y una pieza "de a 4", la defensa del río Tacuarí. Con el resto, 135 infantes y 100 hombres de caballería, se aprestó a vender cara su derrota. Rechazó la oferta de rendición a discreción transmitida por un oficial parlamentario paraguayo, pese a la amenaza de ser pasados todos a cuchillo. Mientras el parlamentario volvía a las filas paraguayas, Belgrano arengó a sus tropas que, con los bravos infantes a su cargo, se aprestaron para una heroica y gloriosa misión.
El enemigo inició el avance, con fuego de apoyo artillero, que fue respondido con eficacia. Belgrano designó a su edecán, Pedro Ibáñez, por ser el más antiguo, como jefe de la línea y le ordenó que avanzara para contener y rechazar al enemigo.
El ataque de la infantería de Belgrano contra fuerzas que duplicaban varias veces sus efectivos fue exitoso; mediante un vivo fuego de fusilería y un avance arrollador, rechazó al enemigo hasta el linde del bosque. Este, sorprendido, se replegó para reorganizarse.
Belgrano, comprendiendo que el honor de su ejército estaba a salvo y que era inútil continuar el combate en estas condiciones de inferioridad, envió un parlamentario al comandante paraguayo, manifestando su dolor por la sangre derramada entre hermanos, que cesaran las hostilidades y que él repasaría el Paraná con su ejército.
Aceptada la propuesta por el general paraguayo Manuel Cabañas, inició Belgrano su repliegue a las 15 del 10 de marzo, recibiendo los honores del ejército hermano. Durante aproximadamente una legua, Belgrano fue acompañado por el segundo jefe realista, coronel Gamarra.
Las tropas patriotas alcanzaron Itapuá el 11 de marzo, desde donde Belgrano envió el parte del combate y de la finalización de la campaña a la Junta de Buenos Aires. Las fuerzas de Belgrano en combate tuvieron 11 muertos y 12 heridos, sin contar los prisioneros de los realistas, extraviados y fugados.