Domingo Faustino Sarmiento

Enfermedad y muerte

Último año de su vida. Continúa su labor periodística y su actitud crítica contra las escuelas extranjeras que no se adaptan a las normas argentinas. La inmigración que él, entre otros, había estimulado, se había desnaturalizado. A fines de mayo viaja a Asunción del Paraguay, con el presentimiento de su próximo fin. No obstante ello, colabora en la preparación de un proyecto de ley de educación del Paraguay, escribe y polemiza. Acarreaba una enfermedad cardiovascular desde hacía años y una insuficiencia bronquial lo postraban en el invierno húmedo de Buenos Aires. En 1887 buscó el clima más benigno de Asunción y a fines de mayo de 1888 repitió el viaje, del que no volvió. En agosto su estado general se agravó. El 6 de septiembre sufre un ataque al corazón. Murió a las dos y cuarto de la madrugada del 11 de septiembre de 1888.

Muere el 11 de setiembre. El traslado de sus restos, en buque, desde Asunción hasta Buenos Aires fue una continuada manifestación popular. En el acto del sepelio hablaron varias personalidades relevantes, entre ellas Carlos Pellegrini. Los diarios de Buenos Aires se unificaron en una sola edición, bajo el nombre de La Prensa Argentina, para rendirle homenaje solidario. En París, Adolfo Saldías, a quien suele reconocérsele como el iniciador del llamado "revisionismo histórico", fecha al mes siguiente de la muerte de Sarmiento su libro Civilia, dedicado -dice- "A la memoria de Sarmiento, gran ciudadano de la República, a la cual encaminó con sus luces e ilustró con su ejemplo; al que en vida me honró llamándome su amigo". Y agrega en el primer trabajo del libro: "Yo he vivido de la vida de Sarmiento durante los últimos diez años, porque he tenido de sus labios su pensamiento casi día por día. Si no lo hubiera venerado como el ciudadano a quien mi patria le debe la suma mayor de esfuerzo que uno de sus hijos pudo hacer por ella, lo veneraría como mi maestro, cuya palabra fortaleció mi espíritu con la prédica constante de las ideas que caracterizaban su fisonomía democrática y cuyo ejemplo imprimió a mis sentimientos la suficiente energía para no sacrificarlos sino en aras de los principios que constituyen la moral del ciudadano" (Adolfo Saldías, Civilia, Buenos Aires, 1888, pp. I-II).

Sarmiento luego de su muerte