La invasión de la República Oriental del Uruguay desde la Argentina.

Los emigrados orientales, desterrados por Anastasio Aguirre, reclaman ayuda del gobierno argentino. Mitre se niega, no quiere intervenir en la política interna del país hermano. 

El general uruguayo Venancio Flores encuentra apoyo en sus antiguos compañeros de lucha y  el clima popular creado se aprovecha ante la discrepancia del gobierno de Bernardo P. Berro con las autoridades eclesiásticas para lanzarse a la conquista del poder. 

El imperio del Brasil vio con simpatía la acción de Flores y sus vínculos con Buenos Aires le aseguraron el apoyo, si no oficial, ciertamente oficioso y de la opinión. 

El 13 de abril de 1863, en conocimiento de preparativos de Venancio Flores, el ministro del interior, Guillermo Rawson, envía una nota oficial al gobernador de Entre Ríos en la que le expresa: 

"El Gobierno Nacional tiene conocimiento de que algunos emigrados orientales residentes en esa provincia intentan realizar una invasión al Estado oriental. El señor presidente me encarga, en consecuencia, prevenga a Vd. tome todas aquellas medidas conducentes a imposibilitar el plan de los referidos emigrados". 

Y cuando el caudillo oriental se pone en marcha con la pequeña fuerza que había logrado reunir, escribe a Mitre el 16 de abril: 

"General y amigo: Hoy me entrego a mi destino lanzándome al suelo de la patria para combatir al gobierno de déspotas, autores y factores del bárbaro asesinato de Quinteros. Vd. ha conseguido con ello lo que tal vez se proponía. Desde que se negó Vd. a hacer por la emigración oriental lo menos que a su nombre podía yo exigir —obtener del gobierno de Montevideo la ampliación de la ley de amnistía—, que prestase Vd. su garantía moral respecto de su cumplimiento, no quedaba otro remedio que el de concurrir a las armas para reconquistar nuestros derechos arrebatados por actos arbitrarios; y a ese penoso sacrificio, exigido por todos mis compatriotas, me he prestado; porque he preferido siempre la muerte a la oprobiosa esclavitud y servidumbre en que gimen mis conciudadanos, a cuya desgraciada suerte no he sido ni puedo ser indiferente. Pongo por testigo al cielo de que al acometer esta empresa no abrigo ninguna ambición personal; y aunque ya me parece oirle decir que es descabellada la intentona, sin desconocer ni negar los riesgos y las vicisitudes a que está expuesta, confío mucho en que la Providencia la coronará con el triunfo, por lo mismo que es tan justa la causa por la que voy a combatir. Persuádase, general y amigo, que cualquiera que sea la suerte que la incierta fortuna me depare en la justificada lucha que voy a emprender, las justas quejas que abrigo a su respecto no serán suficientes para entibiar la sincera amistad que le ha profesado y le profesará siempre su affmo. amigo: Venancio Flores".

Venancio Flores

El general Venancio Flores el 19 de abril de 1863 partio desde Buenos Aires hacia Uruguay donde encabezó una revolución que dio inicio a una guerra civil, que él bautizó «Cruzada Libertadora». Venció a los nacionalistas uruguayos en la batalla de Coquimbo (junio de 1863) y Cañas (julio de 1863). En ese mes cometió traición a su patria cuando aceptó la ayuda militar del Imperio de Brasil que había declarado la guerra a Uruguay que era gobernado por Bernardo Prudencio Berro).
Flores era apoyado por los grupos unitarios de Buenos Aires, Flores ocupó Florida el 4 de agosto de 1864, e hizo fusilar a los defensores de la villa . En enero de 1865 tomó Paysandú, sitiada por los brasileños y mandó fusilar a todos los oficiales. El 20 de febrero de 1865 entró en Montevideo.


Flores embarcó en el vapor Caa-Guazú por el muelle de pasajeros de Buenos Aires, que las autoridades pusieron a su disposición.

Gelly y Obes, ministro de guerra, que despidió al jefe oriental yendo a saludarle a bordo del Caa-Guazú, escribe tres días después a Mitre, aludiendo a los rumores públicos sobre la participación del gobierno argentino en la aventura de Flores. "Desde ya creo que nos va a traer una complicación muy seria con su invasión". Teme la reacción de Urquiza, amigo de los blancos orientales. 

Mitre proclama en su mensaje al Congreso el 5 de mayo:

"La República Oriental del Uruguay continúa manteniendo una fraternal amistad con la Argentina. Su gobierno se esmera a la vez por conservar tan buena armonía; y a sus observaciones confidenciales en orden a la conservación de su paz interna, que se presumía podía ser alterada desde este territorio, se le ha contestado con la neutralidad que el Gobierno observa en las cuestiones domésticas de los países amigos y principalmente de los limítrofes".

Emigrados orientales y simpatizantes argentinos se aprestaron a colaborar en la iniciativa de Flores; hubo reuniones clandestinas, embarques de -voluntarios, conciliábulos. Una de esas reuniones fue disuelta por las autoridades, y el ministro uruguayo Andrés Lamas escribió a Mitre:

"Estoy contentísimo de que Vd., sin nota mía, mandase disolver la reunión de Punta Lara y sumariar el hecho... Me felicito, de nuevo, de la espontaneidad de las medidas de Vd. Ese acto será utilísimo para las apreciaciones de propios y extraños".

Guillermo Rawson vuelve a comunicarse con Urquiza para que le informe sobre las medidas tomadas para impedir la invasión a la República Oriental. 

Se producen incidentes inevitables en períodos de confusión, como el apresamiento por los uruguayos del vapor argentino Salto, cargado de armas para los rebeldes, lo cual suscita agitaciones callejeras y desmanes de la muchedumbre en Buenos Aires. En respuesta, se avivó la agitación en Montevideo.

A raíz de esos hechos se produjo un intercambio de correspondencia entre Francisco Solano López y Mitre, que interrumpió la discusión de la cuestión de los límites entre los dos países, para lo cual el presidente Mitre había enviado a Asunción al doctor Lorenzo Torres en marzo de 1863. 

Como el gobierno paraguayo termino por asegurar que la invasión del territorio oriental se había hecho por jefes y oficiales del ejército argentino y hasta con la cooperación de las autoridades argentinas, según nota del 21 de octubre, la tirantez de relaciones llegó a su extremo y se interrumpió la correspondencia confidencial; un año después se producirá la guerra de la Triple Alianza contra el gobierno paraguayo.

Francisco Solano Lopez

Francisco Solano López continuó con la política nacionalista de los anteriores gobiernos, pero decidió tomar una posición internacional más preponderante. El comercio paraguayo, aunque aún pequeño, se había acrecentado notoriamente y era fundamental para su administración mantener el ritmo de la actividad económica fluvial. Para ello, condición imprescindible era la manutención del llamado "Equilibrio del Río de la Plata".9​ Sin embargo, los conflictos en la zona pusieron en peligro la citada condición. Solano López percibió que en la invasión del general Venancio Flores (Colorado y abiertamente hostil al Paraguay) al Uruguay se hallaban intereses de Buenos Aires y el Imperio del Brasil. Consideró además que ésta actitud era una agresión hacia el Paraguay y un paso previo para intentar un ataque contra su país.
Cuando el Brasil amenazó con intervenir directamente sobre la llamada "Banda Oriental", protestó en la nota del 30 de agosto de 1864. Afirmaba que "el ataque al Uruguay sería atentatorio contra el equilibrio de los Estados del Plata y 'casus belli' para el gobierno paraguayo". Estas notas fueron reforzadas por otras enviadas el mes de septiembre, pero Brasil las ignoró invadiendo Uruguay el 12 de octubre de 1864. Paraguay, un mes después, contestaría como represalia capturando el 12 de noviembre de 1864 el buque mercante brasileño "Marqués de Olinda" en el puerto de Asunción y encarcelando al gobernador de la provincia brasileña de Matto Grosso, que se encontraba a bordo.