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Rosas era el adversario común de muchos políticos de la época, con su
derrota después de Caseros se inició entre los distintos grupos que
participaron de su caída, una feroz lucha por el poder y Buenos Aires
fue su principal escenario. Se encontraba más rica que nunca ya que el
aislamiento económico y político desarrollado por Rosas le permitió su crecimiento.
En el gobierno de Buenos Aires participaron antiguos
unitarios defensores de los intereses portuarios y partidarios de un
sistema librecambista que mantuviera el status económico de Buenos
Aires.
Las provincias del interior se encontraban en su
habitual estado de estancamiento y eran gobernadas por caudillos que
sostuvieron a Rosas,
pero ahora, atendiendo sus conveniencias políticas se declararon leales
al vencedor de Caseros, Urquiza.
Los primeros enfrentamientos se hicieron evidentes
cuando Urquiza se manifestó librecambista pero defensor de los intereses del interior.
El avance de las tropas aliadas sobre Buenos Aires
fue acompañado por una situación caótica de saqueos y robos, a pesar
de las tropas encargadas de mantener el orden.
El malestar porteño era
visible luego de la entrada triunfal de Urquiza con poncho a rayas coloradas y de las medidas que tomó para pacificar a
la provincia.
Eligió como gobernador provisorio al presidente del
Supremo Tribunal de Justicia, Vicente
López y Planes, quién inició la tarea de reconstrucción
asegurando garantías individuales y políticas como el derecho de
reunión, la libertad de prensa y el libre sufragio.
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