La invasión había sido
planeada a fines de 1981, posteriormente el viaje realizado por
Galtieri a Washington, pensando, como más tarde se dijo, contar
con el guiño de los Estados Unidos.
El ataque estaba proyectado
para mayo o julio del 82, en conmemoración de las fechas patrias,
fue adelantado ante la presión popular manifestada en las calles
a fines de marzo.
El 2 de abril las fuerzas
armadas desembarcaron en las Islas Malvinas y se apoderaron de la
isla de Georgia del Sur y las Sandwich, territorios administrados
por Gran Bretaña desde las Malvinas.
Las escasísimas fuerzas
británicas fueron reducidas y transportadas a Montevideo. El general
argentino Mario Menéndez asumió el gobierno militar de las islas.
Estos hechos sorprendieron
a la opinión pública y despertaron la euforia popular por la recuperación
de las islas usurpadas por Gran Bretaña en 1833.
Inglaterra comenzó
a desplazar sus fuerzas hacia el Atlántico Sur: Un gran destacamento
naval y un pequeño ejército de tropas de elite, que contaba con
marines, paracaidistas y mercenarios Ghurkas.
Gran Bretaña impuso
una "zona de exclusión" de 200 millas alrededor de las
Islas, para impedir el aprovisionamiento, amenazando con atacar
a todo barco argentino que allí se encontrara.
El 25 de abril los
británicos ocuparon las Georgias del Sur.
La Asamblea de las
Naciones Unidas resolvió llamar a las partes a abandonar la actitud
bélica y negociar.
El Secretario de Estado
norteamericano, Alexander Haig, intentó sin éxito, en Buenos Aires,
conseguir el retiro argentino.
El 1º de mayo los Estados
Unidos declararon ilegal la acción argentina, imponiendo sanciones
económicas y ofreciendo a Gran Bretaña armas, apoyo técnico y de
inteligencia.
Al día siguiente el
crucero argentino General Belgrano, que se dirigía a tierra firme,
fue atacado y hundido por un submarino británico fuera de la "zona
de exclusión". Casi 400 hombres de su tripulación fallecieron.
Argentina respondió
tres días después con misiles Exocet hundiendo al destructor británico
Sheffiel.
El 11 de mayo la Comunidad
Europea, siguiendo el ejemplo norteamericano, impuso sanciones económicas
a la Argentina. Irlanda e Italia se opusieron a estas medidas. España
brindó su apoyo diplomático sin reservas.
Europa oriental, liderada
por la Unión Soviética, manifestó su solidaridad con los argentinos.
También Latinoamérica
respaldó, en forma casi unánime, excepto Chile que concedió a los
británicos bases en sus territorios del sur.
El 21 de mayo se produjo
un ataque anfibio inglés en la Bahía de San Carlos, costa septentrional
de las Islas Malvinas, y tras el desembarco avanzaron al día siguiente
camino a Puerto Argentino.
El 29 de mayo la batalla
terrestre de Goose Green les permitió a los británicos el control
de la isla, excepto la capital.
Finalmente, el 14 de
junio Menéndez y 9.800 soldados argentinos, en su mayoría reclutas
adolescentes y mal preparados, se rindieron.
Tras la derrota el
pueblo argentino sufrió una fuerte desilusión, debido a numerosos
comunicados transmitidos durante la guerra que anunciaban inexistentes
triunfos de nuestro país en la contienda.
Las Fuerzas Armadas
salieron totalmente desprestigiadas, sólo la Fuerza Aérea, por sus
riesgosas misiones, salvó en parte su imagen.
La derrota argentina
en Malvinas aceleró la crisis política sellada por la resistencia
en las calles y Galtieri tuvo que renunciar el 17 de junio de 1982, a tres
días de la rendición
Se formó una nueva
Junta Militar, esta vez integrada por: Teniente General Cristino
Nicolaides, almirante Rubén Franco y Brigadier General Augusto Hughes.
El 1º de julio asumió
el último Presidente del Proceso de Reorganización Nacional, el
General de División Reynaldo Bignone. |