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Caracterizan a esta región semiárida
los bosques que con justicia son considerados los más fieles exponentes
de la Flora Argentina, ya que los árboles del Gran Chaco, sin alcanzar
las grandes alturas de sus parientes selváticos, causan profunda
impresión por su robustez y majestuosidad, adquiridas en condiciones
climáticas adversas. Con el aspecto de un bosque seco, de mediana
altura y bastante abierto, el ambiente principal de la Reserva está
caracterizado por la presencia del Quebracho Colorado Santiagueño y del Quebracho Blanco, especies que llegan a adquirir alturas mayores
a los 20 metros, sobresaliendo del dosel arbóreo y dominando sobre
el resto de la vegetación. Los acompañan el Palo Santo , Mistol, Palo Cruz, Yuchán o Palo Borracho de Flor Amarilla, el
Itín o Palo Mataco, como así también cactáceas
de gran porte como el Ucle y el Cardón . Entre las especies que conforman el nivel arbustivo del bosque encontramos
al Duraznillo, Garabato, Tala, Sacha Sandía, Brea, el Quimil, un
enorme cactus de porte arbóreo, entre muchas otras. El suelo está
frecuentemente cubierto de densas comunidades de Chaguar, llamados localmente
"Chaguarales", que resultan impenetrables tanto para el hombre
como para algunos animales . En los amplios sectores costeros sometidos a periódicas inundaciones
y desbordes del río Bermejo, se conjuga una variada gama de comunidades
vegetales. Se observan bosquecillos densos de Palo Bobo o Aliso de Río, de Sauce Criollo, de Tusca y matorrales de Suncho. Sobre
la cerrada vegetación de las islas se encuentran hermosos ejemplares
de Algarrobo Blanco , Chañar, Guaraniná y Vinal. Sobre los albardones del Teuquito
, se desarrolla la Selva en Galería, donde vegetan el Palo Lanza,
la Mora, el Palo Flojo, el Zapallo Caspi y el Guayacán. En los suelos
arcillosos y de relieve deprimido se ubican bosques de Palo Santo, dando
lugar a una de las formaciones vegetales más característica
del Chaco Seco: el Palosantal. Esta especie posee una preciada madera de
gran calidad, que ha sido muy buscada desde tiempos virreinales. Esto ha
motivado una tenaz persecución que ha puesto en peligro sus poblaciones
naturales, que han disminuido en forma alarmante. De no tomarse las medidas
de protección necesarias en toda el área de su distribución,
no debe extrañarnos que el Palo Santo se encuentre en breve en peligro
de desaparecer.
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