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Aquí encontraremos a la fauna típica
de los ambientes semiáridos del Chaco Occidental. El Tatú Carreta o Tatú-Guazú,
símbolo de la Reserva y especie en peligro de extinción, se encuentra con
cierta frecuencia, siendo uno de los pocas áreas protegidas que lo ampara en el
país. También el Oso Hormiguero Grande , Oso Bandera o Yurumí que ve
comprometida su supervivencia en toda su área de distribución, puede ser
observado alimentándose de los termiteros y hormigueros que abundan en el
área. Dado que existen ambientes del tipo fluvial y acuático, junto a los
característicos de las zonas más áridas, encontraremos especies
representantes de ambos coexistiendo en la Reserva. Especies como la Vizcacha,
el Piche Llorón, el Quirquincho y el Gualacate o Peludo, huyen del calor y de
la desecación que producen las altas temperaturas refugiándose en sus cuevas.
El Conejo de Palo, el Zorro Gris, el Zorrino, la Corzuela Parda y los Pecaríes,
el de Collar y el Labiado, permanecen durante el mediodía a la sombra de la
vegetación, para ponerse en actividad apenas baja el sol. En las riberas del
Teuquito y el Bermejo es posible hallar las huellas del herbívoro más grande
de la región: el Anta, Tapir o Gran Bestia, junto a las de Coipo o Falsa
Nutria, las de Mayuato, Aguará popé u Osito Lavador Sudamericano, las de
Carpincho, e inclusive de Yacarés, entre muchas otras. Asociadas a los escasos
ambientes acuáticos observaremos una llamativa diversidad de aves, entre las
que se destacan las Garzas, el Jabirú, los Biguáes, Chajáes, Espátulas
Rosadas , Patos de varias especies, etc. Los montes son refugio de otras
especies aladas, como la bullanguera Charata, de codiciada carne; las Chuñas,
como la de Patas Negras y la de Patas Rojas; los Loros, como el Hablador y
el Calancate, además de una multitud de pequeñas aves. Los ofidios también
están presentes, y los representan la temida Yarará, de mortífero veneno, la
inofensiva Boa de las Vizacheras o Lampalagua, que llega a los tres metros de
longitud, y una gran variedad de culebras.
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