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A mediados del siglo XVIII las trece colonias británicas que ocupaban la costa Atlántica de América del Norte gozaban de gran independencia respecto de su metrópoli. Los habitantes de cada una de ellas votaban sus propios impuestos y resolvían sus asuntos internos.
La decisión del
rey Jorge III (1764) de gravar con impuestos algunos productos como
azúcar, plomo, vidrio, té y de establecer la obligación
de usar papel sellado en todos los documentos legales - Ley del Timbre
- provocó incidentes y revueltas, especialmente en la ciudad
de Boston. En 1774 un Congreso reunido en Filadelfia e integrado por
representantes de las colonias hizo llegar al rey una declaración
donde se reclamaba por los derechos a la vida, propiedad y libertad
de los americanos. Al año siguiente se inició la guerra
y en 1776 se reunió un segundo Congreso en Filadelfia donde
se eligió a George
Washington general en jefe de
los ejércitos rebeldes. El 4 de julio de ese año el
Congreso aprobó la "Declaración de la Independencia".
España y Francia apoyaron a los americanos quienes derrotaron a los ingleses en 1781.
En 1787 se aprobó una "Constitución" basada en el respeto por las libertades individuales, la pluralidad social, el federalismo y el sistema republicano representativo de gobierno. Esta Carta Magna se convirtió en el modelo que siguieron otras constituciones americanas, en especial la de nuestro país.
Posteriormente, comenzaron a llegar al virreinato algunas publicaciones norteamericanas, como "El Federalista", cuyos ensayos trataban acerca de la organización constitucional, y ejercieron una gran influencia sobre los intelectuales hispanoamericanos.
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