Legales y falsas

A principios de la década de 1820, la angustiosa carencia de numerario se había extendido por el interior, exhaustos los erarios provinciales por las guerras de la Independencia. En las provincias cuyanas el mal se había tornado crónico. El gobernador de Mendoza, Pedro Molina, decidido a solucionar el problema, el 6 de agosto de 1822 envió a la sala de Representantes un proyecto que fue aprobado en el día, creando un cuño provincial. Allí serían troqueladas monedas de buena ley y peso exacto, "tomando como modelo el signo de la cortada", o sea, el diseño de las antiguas macuquinas. Más tarde se hace extensiva la labración a ochavos de real de cobre con las armas de Mendoza, lo que en la práctica no pudo ser llevado a cabo por las dificultades técnicas que planteaba la acuñación de tales piezas.

En enero de 1823, el cuño ya estaba en condiciones de iniciar su trabajo, pero el gobernador y los legisladores aún no se habían puesto de acuerdo sobre el tipo y valores de las monedas a emitir, proponiéndose no sólo fabricar ejemplares de plata sino también de oro, en un exceso de optimismo. A modo de ensayo se batieron, en noviembre de 1822, treinta y seis monedas de plata con la fecha del año siguiente. La ceca actuaba bajo la dirección de José Arroyo; se desempeñaba como tallista el potosino Pedro Miranda. En febrero de 1823 se habían emitido algunos miles de pesos en macuquinas, utilizándose vajilla de plata entregada por particulares. Casi inmediatamente, los monederos falsos comenzaron también su labor.

Esta facilidad para fabricar macuquinas en talleres clandestinos, movió al gobierno a proponer la acuñación de oro y plata imitando el modelo patrio de Potosí, con el mismo peso, ley y diámetro, pero con la marca de la ceca de Mendoza, compuesta por sus iniciales; estas monedas no llegaron a emitirse. Mientras tanto, las falsificaciones se extendían desmesuradamente.

En septiembre de 1823 ya nadie mandaba labrar plata al cuño y la ceca languidecía, mientras las autoridades estudiaban la forma de prohibir y recoger las piezas ilegales, lo que produjo una gran inquietud en el pueblo, que sólo utilizaba este numerario. Por otra parte, la norma que penaba con la muerte a los monederos clandestinos, no se aplicaba, y el descontento general crecía.

El mes de diciembre fue de enorme agitación; culminó con la decisión oficial de aplicar una contramarca a toda moneda de buena ley, lo que se hizo efectivo desde enero de 1824. En la Legislatura seguían, mientras tanto, las discusiones y los proyectos para remediar la grave crisis que afectaba al comercio, especialmente con las provincias limítrofes, donde la moneda falsa mendocina había sido vedada.

En marzo de 1824, Molina resuelve sacar de circulación todas las falsificaciones, incluyendo las piezas reselladas que se estaban imitando en Chile. Los tenedores de tal moneda habrían de sufrir una pérdida que, estimada en el 25 por ciento, se redujo luego al 12, del cual la provincia tomaba a su cargo un 2 por ciento. Ello produjo en Cuyo un aumento de los artículos de primera necesidad, y la negativa del comercio a admitir estas piezas. Se inicia un motín popular, el gobernador es destituido, y se elige en su lugar a Juan Agustín Maza. Al poco tiempo, este es reemplazado por José Albino Gutiérrez, quien impone el cambio de moneda con la pérdida del 10 por ciento para los tenedores y la entrega de vales por toda suma que excediera los tres pesos.

Con esto termina el primer episodio de acusación de moneda en Mendoza. Aún hoy es difícil determinar cuáles fueron las monedas macuquinas emitidas por esa provincia. Se conocen piezas de 2 y 4 reales, imitación de las macuquinas de Potosí, con las letras P-A-M-A en cada cuartel del reverso, que se clasifican habitualmente como de esa procedencia. Son también mendocinas las monedas contramarcadas o reselladas con un punzón, que muestran una pequeña balanza y la palabra FIDELIDAD.

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Contramarca "FIDELIDAD" con una balanza en el campo, aplicada en Mendoza a las monedas macuquinas provinciales de buena ley.

La troquelación de macuquinas se extendió también a La Rioja, favorecida por la existencia de las minas del Famatina, explotadas desde la época colonial. Su gobernador, Nicolás Dávila, intentó en 1821 una emisión propia de monedas redondas que imitaban las piezas patrias de Potosí, del valor de 2 reales. El ensayo se hizo en Chilecito, pero la falta de material técnico adecuado no permitió continuar esta labración experimental. En cambio, prosperó la más fácil tarea de batir macuquinas de imitación.

En la improvisada ceca de Chilecito se hicieron las acuñaciones macuquinas de la Rioja, desde 1821 hasta 1823.

Las primeras monedas labradas en la ceca de Chilecito tenían una fecha anómala. Más tarde sustituyeron el antiguo PLVS VLTRA por la palabra RIOXA, que indicaba su procedencia. Con este tipo se conocen piezas de 1821, 1822 y 1823. Se acuñaron monedas de ½, 1, 2 y 4 reales; estas últimas, son extremadamente raras.

Primera moneda de oro de 2 escudos acuñada en la ceca de La Rioja en 1824

Poco se sabe de las macuquinas riojanas, salvo el hecho de que su labración concluyó al trasladarse la Casa de Moneda a la ciudad capital de la provincia, y que las piezas de Chilecito fueron retiradas de circulación en 1824.