Su inquietud por
expresar genuinamente al hombre de su tierra lo lleva a acompañar al sabio Ameghino en sus viajes al interior del territorio.
El crecimiento de la
metrópoli obliga a desterrar las carretas del centro urbano, por lo que la
Comuna dispone se libre de ese estacionamiento a la plaza 11 de
Septiembre.
Se levanta, además, las vías del ferrocarril del Oeste en el
tramo comprendido entre el Parque y Plaza Once, instalándose la nueva
terminal en Mitre y Bermejo. Se reorganiza el gobierno municipal para
adaptarlo a la potente realidad de una ciudad lanzada hacia el
futuro.
Se
crea el Concejo Deliberante - que empieza a funcionar en el local de la
legislatura bonaerense - y el Departamento Ejecutivo.
Se establece en el
país la primera gran cristalería y se fusionan la Sociedad Nacional de
Panteléfono y la Empresa Bell Perfeccionado, dando lugar a la Compañía
Unión Telefónica. Pacificado, el país se desarrolla velozmente,
ascendiendo el comercio exterior este año a más de 115.000.000 de pesos.
Nadie escapa al espíritu satírico de los
porteños de 1882. Así, durante la inauguración de la estatua de Alsina -
que lo representa de pie, con una mano levantada en una actitud poco
explicable - corre la versión de que la estatua “está así por habérsele
quitado un mapa de la Pampa” cuya conquista y campana preparaba el
doctor Alsina en el momento de morir.
Ocurre
este año un suceso que entusiasma a los porteños por la simpatía que
desprende y las circunstancias que lo rodean.
Estalla un conflicto
obrero-patronal en la Boca y, pese a las tratativas, la incomprensión de
los patrones deriva en varias cargas policiales contra los huelguistas.
Indignados, los boquenses se reúnen en la Sociedad Italiana, decidiendo en
asamblea que “el gobierno argentino no puede mezclarse en asuntos de
genoveses”.
Izan la bandera de Génova y firman un acta por la que
informan al rey de Italia que acaban de constituir “La República
Independiente de la Boca”. Enterado de esta segregación, el General Roca en persona se
dirige al cuartel de los revolucionarios, quita la bandera y los increpa.
Al día siguiente, los genoveses disidentes bautizan “Julio A. Roca” una
calle de la Boca. Y hay paz. |