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El General Eduardo
Lonardi, que había dirigido la llamada "Revolución Libertadora"
desde Córdoba, llegó a Buenos Aires el 23 de setiembre del '55 para
asumir la Presidencia de la Nación.
Desde el balcón de
la Casa Rosada expresó en su discurso que no habría ni "vencedores
ni vencidos" y que el régimen instaurado duraría lo mínimo
necesario para reorganizar el país.
El Almirante Isaac
Rojas lo acompañó desde la Vicepresidencia, conjuntamente con la
Junta Consultiva, integrada por representantes de los partidos opositores
al peronismo.
La dirigencia gremial
comprometida con el gobierno depuesto renunció y fue reemplazada
por una nueva, también de tendencia peronista.
En un principio no
se intervino la C.G.T., tratándose de buscar un acercamiento con
sus líderes.
El Congreso Nacional
se disolvió; las provincias fueron intervenidas; a los miembros
de la Corte Suprema de Justicia se los dejó cesantes; se creó una
Comisión Nacional de Investigaciones destinada a actuar contra el
peronismo.
La política de Lonardi,
respaldada por ultracatólicos y nacionalistas, despertó la oposición
de quienes reclamaban medidas más duras y nada conciliadoras.
Un golpe interno en
las Fuerzas Armadas, determinó el día 13 de noviembre su reemplazo
por el General Pedro Eugenio Aramburu como Presidente Provisional
de la Nación, asociado al Almirante Isaac Rojas, nuevamente como
Vicepresidente.
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