La Argentina
suscribió la convención en 1994 y la ratificó
en 1996, confiando en que esta nueva herramienta normativa se convierta
en un instrumento válido para prevenir, combatir y revertir
los graves procesos de desertificación que sufre nuestro
país. En efecto, las zonas de deterioro y degradación
del ecosistema comprenden el 75% del territorio nacional.
El implantar un día mundial de lucha sirve para tratar de
concientizar a los ciudadanos de estos problemas ambientales que
cada año suponen la pérdida de grandes superficies
de tierra en Argentina y en todo el mundo.
Según el informe
GEO 2000, el total de tierras degradadas ha afectado aproximadamente
a 1900 millones de hectáreas en todo el mundo, lo cual equivale
a un 40% de la superficie terrestre. La búsqueda de máximos
beneficios a corto plazo de la agricultura intensiva se ha convertido
en la principal causa de la degradación de los suelos y el
agua y, por tanto, de los procesos de desertificación.
El elevado consumo de
agua, la fuerte mecanización y la utilización de productos
agroquímicos, constituyen los elementos característicos
de la agricultura intensiva, cuyo incremento en los últimos
tiempos está propiciando un aumento de la presión
y degradación de nuestros suelos.
Los usos del suelo que
más contribuyen a los procesos de desertificación
son los cultivos leñosos y herbáceos de secano, por
su elevado potencial erosivo debido a un exceso de laboreo, y los
sistemas de regadío, por el agotamiento de los acuíferos,
contaminación de aguas y suelos por exceso de productos fitosanitarios
y abonos químicos y la salinización. Estas formas
de uso de suelo, a pesar de resultar insostenibles a medio plazo,
se han extendido mucho, en los últimos años, impulsados
por factores de mercado. Otros factores que influyen sobre los procesos
de desertificación son las grandes pérdidas de cubierta
vegetal a causa de repetidos incendios forestales y la concentración
de actividad económica en las zonas costeras como resultado
del crecimiento urbano, las actividades industriales, el turismo
y la agricultura de regadío.
Pero la desertización
no es un problema aislado, sino que está plenamente relacionado
con los cambios climáticos, la conservación de la
biodiversidad y la necesidad de bosques sostenibles y un manejo
adecuado del agua. Los vínculos entre estos aspectos y los
factores socioeconómicos son cruciales.
En definitiva el problema de la desertización es un síntoma
de la ruptura del equilibrio entre el sistema de recursos naturales
y el sistema socio-económico que los explota, y cuya solución
pasa tanto por la concienciación como por un cambio de las
políticas hidrológicas, energéticas y agrarias
de los gobiernos.
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