Guillermo Enrique Hudson (1841-1922)
 

Nació en Quilmes (Buenos Aires) en 1841 y creció en el campo argentino, que recorrió en su juventud, observando detenidamente la naturaleza y a las aves en especial. Luego emigró a Inglaterra donde, sin abandonar su afición por la vida silvestre, emprendió una carrera literaria que lo colocó entre los mayores escritores de lengua inglesa de su tiempo.

Hijo de padres norteamericanos, descendientes a su vez de ingleses, Hudson nació en Quilmes, Buenos Aires, en 1841. En las múltiples recorridas que hizo desde muy chico (primero, por los campos paternos, luego a caballo por la Provincia de Buenos Aires y finalmente por diversos lugares de la Argentina y el Uruguay) se interesó por sus habitantes, costumbres, historias, estado social, clima, topografía, vegetación y especies animales, sobre todo por las aves.

En estos viajes de observación recogía muestras de diferentes especies animales y tomaba minuciosas notas que luego serían las bases de algunos de sus trabajos, todos ellos escritos en inglés.

Cuando tenía veinticuatro años se contactó por carta -gracias a Germán Burmeister, entonces director del Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires- con los ornitólogos (especialistas en aves) Spencer Fullerton Baird -estadounidense- y Philip Lutley Sclater -secretario de la Zoological Society de Londres- y al poco tiempo comenzó a remitir parte de sus colecciones al Instituto Smithsoniano de Washington: lo enviado sumó un total de más de seiscientas pieles, correspondientes a ciento cuarenta y tres variedades autóctonas que desde allí fueron transferidas a la Zoological Society de Inglaterra. Esta institución registró en sus libros de actas tales envíos durante los años 1868 y 1869. Dos de aquellas especies fueron bautizadas con el nombre de su descubridor: Granioleuca hudsoni y Cnipolegus hudsoni.

Años más tarde, Hudson conocería -también por intermedio de Burmeister- a Francisco Moreno, quien llegaría a ser un gran paleontólogo y geógrafo.

Más allá de estos vínculos, Hudson no tuvo una relación continua con el mundo académico. No fue un científico de formación erudita; su obra se basó, sobre todo, en lo que pudo observar directamente alrededor suyo para extraer luego notables conclusiones.

Tras haber analizado las costumbres de las aves patagónicas en el valle del Río Negro y de los churrinches y golondrinas en Buenos Aires, Hudson se ocupó de otras importantes especies ornitológicas y así nació su trabajo On the pipits of the Argentine Republic, uno de sus últimos trabajos realizados en Argentina. No están claros los motivos por los cuales en 1874, ya muertos sus padres, Hudson se embarcó hacia Inglaterra para no volver a su país natal. Pero la Argentina aparecerá en muchas de sus obras publicadas en Inglaterra.

Considerado por algunos un precursor de la moderna ecología, Hudson ingresó en 1891 a la recién creada Sociedad Protectora de Pájaros, destinada a unificar los esfuerzos realizados anteriormente para combatir la matanza de garzas, aves del paraíso y otras especies, cuyo plumaje se utilizaba para adornar vestidos.

Entre sus trabajos de orden científico pueden enumerarse: Argentine Ornithology, Aves Británicas y El naturalista en el Plata, etc.

Su producción editorial se diversificó en los años siguientes y los temas científicos (naturalismo relativo a Argentina e Inglaterra) se alternarán con los autobiográficos, la ficción y los poemas, todo con gran éxito, colocándolo entre los mejores escritores de su tiempo. Hudson murió  en Inglaterra en 1922.. Entre sus obras más importantes pueden nombrarse Allá lejos y hace tiempo, su autobiografía; La tierra purpúrea que Inglaterra perdió, novela cuyo titulo que hace referencia a Uruguay; Días de ocio en la Patagonia, relato de su viaje al valle de Río Negro y La selva maravillosa, su novela más famosa.

 

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