SOLEDAD

 

¡Oh soledad! ¡Oh murmurante río,

A cuya margen espontáneos crecen

Los árboles frondosos, que el otoño

Despoja ya de su hojarasca verde!

 

Huésped errante de la selva oscura

Di en estas limpias aguas. ¡Cuántas veces

Me vió la tarde, absorto en mis recuerdos,

Contemplando su plácida corriente!

 

La gran naturaleza, de mis penas

Oyó el lamento que hacia Dios asciende:

En su templo inmortal a quien la invoca

Seguro asilo y bálsamos ofrece.

 

Al dejar sin retorno estos lugares

Tan dulces a mi afán, llevo indeleble

Una impresión de gracia, de frescura,

Y hasta el sahumerio del paisaje agreste.

 

Como esas aves de amoroso instinto

Que en busca de calor el aire hienden,

Así mis pensamientos al amparo

De los afectos íntimos se vuelven.

 

¿Pero en cuál mejor sitio hallar la calma,

Y este silencio arrobador, solemne,

Que al fatigado espíritu conforta

Mientras las horas se deslizan breves?

 

Es aquí donde exhausto peregrino

Quisiera alzar mi solitario albergue,

¡Y arrullado del aura y de las ondas

Vivir lejos del mundo, para siempre!