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La variedad faunítica está también
asociada a la diversidad de ambientes presentes en el Parque. Así,
ocupando los ambientes abiertos, hallaremos aves principalmente corredoras,
de largas patas y cuello, como la Chuña de Patas Rojas y el Ñandú.
Los mamíferos no son una excepción, y uno de los representantes
típicos del área y de este ambiente en particular también
tiene patas largas. Se trata del Aguará-Guazú , que a pesar de su gran tamaño se alimenta de pequeñas presas,
como perdices, ratones, reptiles, etc.. Este curioso zorro autóctono,
por haber sido perseguido injustamente por mucho tiempo, es hoy uno de
las especies de la fauna argentina que se encuentra en peligro de extinción.
Los termiteros o tacurúes de las sabanas con Palmares, constituyen
la principal fuente de alimento de otro vertebrado peculiar: el Oso Hormiguero
Grande o Yurumí, también amenazado de extinción. En
las isletas de monte veremos numerosas huellas dejadas por Pecaríes
de Collar, Corzuelas y Mayuatos, que entre muchas otras especies frecuentan
estos bosques altos en busca de alimento y refugio . Las Selvas en Galería del Bermejo son el refugio del raro Mono
de Noche o Mirikiná, el único primate argentino de hábitos
nocturnos. De cola anillada, denso y sedoso pelaje, este pequeño
monito sorprende por sus enormes ojos que se parecen a los de una lechuza.
La destrucción de su ambiente y la captura como mascota lo han hecho
muy raro y podemos darnos por afortunados si conseguimos verlo en las copas
de los árboles más altos. Allí también es posible
ver al raro Moitú, gran ave de la familia de las Pavas de Monte.
Integramente de color negro el macho y barrado en blanco y negro la hembra, es una especie muy perseguida por
su exquisita carne. Los esteros, embalsados y lagunas están densamente
poblados por vertebrados acuáticos de todo tipo . Muchas especies de peces son alimento de Garzas, del Jabirú
o Juan grande, la más grande de las cigüeñas argentinas,
de los Yacarés (el Negro y el Overo) y de mucho otros animales.
Un gran reptil acuático puebla estos lugares: la Boa Curiyú,
que llega a medir cuatro metros de longitud. Dado que estos ambientes acuáticos
pueden desaparecer en períodos de grandes sequías. Peces
como las Tarariras, Anguilas y Cascarudos, poseen adaptaciones que les
permiten sobrevivir en tales condiciones. Algunos pueden respirar aire
atmosférico y permanecer en pequeñísimos charcos;
otros, ayudados por sus fuertes aletas, se trasladan reptando en busca
de lugares más húmedos; sólo unos pocos poseen la
extraordinaria capacidad de enterrarse en el barro, cubrirse de una sustancia
protectora que los encierra en un "capullo" y sumirse en un profundo
letargo a la espera de las próximas lluvias, tal como lo hace el
pez pulmonado o Lepidosirena.
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